Violencia Machista. ¿Miedo a leer las noticias?, por Ángela Escribano Martínez

Todas las mañanas miro el correo con miedo, miedo…  cuando suena el teléfono temiendo lo que terminará por pasar…otra más! …otra mujer asesinada y, de pronto el corazón se encoje… y mi cabeza  da vueltas, intento imaginármela, su  cara, su sonrisa, su vida…. ¿Alguien sabía que sufría violencia? ¿Se lo contó a alguien? ¿Tenía miedo? ¿Era consciente de lo que le pasaba? A pesar de todo, ¿fue una niña feliz? ¿Cómo fue su niñez, su adolescencia? Y de pronto me lo imagino a él, al maltratador, al asesino gritándole, empujándole, acosándola…y cada vez el dolor es más intenso, porque esta situación se puede evitar, sí, sí… se puede evitar.

Cuando las mujeres son asesinadas, cuando las mujeres son maltratadas es un fracaso de la sociedad y de las instituciones que no pusieron las medidas que la ciudadanía necesita para poder vivir en una sociedad igualitaria y sin violencia.

Los maltratadores viven en una sociedad patriarcal interiorizando que lo que sus necesidades y sus prioridades están por encima de las de las mujeres, ilegítimamente  gozan de una serie de privilegios que esta sociedad machista les ofrece en bandeja; a la inexistencia de responsabilidades en las tareas reproductivas, hay que sumar su libertad para elegir su forma de vestir, las horas hasta las que pueden salir y los lugares donde pueden ir, además de tener por un puñado de euros mujeres de cualquier edad y nacionalidad para satisfacer sus deseos sexuales, sólo los de ellos. Además contamos con unos medios de comunicación como altavoz machista que continuamente les está reproduciendo lo superiores que son a las mujeres con programas que deberían de estar prohibidos por reproducir una imagen de las mujeres, cuanto menos peyorativa y denigrante.

Las mujeres maltratadas, presas del mito del amor romántico que cuando se enamoran se olvidan de que ellas son personas independientes y pasarán a formar parte de la vida de su compañero, del que están locamente enamoradas como un apéndice de éste. Ellas dejarán de quererse para quererlo más a él, dejarán de gustarse para gustarle a él, dejarán de salir con sus amigas de siempre para salir sólo con él, ellas renunciarán a su vida profesional para que lo haga él, ellas serán responsables del bienestar de la familia y de la paz del hogar, mientras en esa cárcel del hogar ellas, dejarán de existir como personas libres y dependerán emocionalmente de él. Pero ellas, no serán conscientes de los que les pasa, anuladas por esa superioridad masculina interiorizan que tienen la culpa de las peleas, que ellas se buscan ese maltrato, que no sirven para nada, que solo él las quiere, y sienten que son las responsables de esa violencia es, en palabras del profesor Miguel Lorente “el único delito donde la víctima siente vergüenza de serlo”.

Y, así pasan los días en su infierno, mientras… ante un nuevo asesinato el mensaje es “Denuncia, denuncia, denuncia”, y yo pregunto cuando llegue a la comisaría: ¿quién le contará que lo que le pasa es fruto de vivir en una sociedad machista y patriarcal, que desde la infancia nos enseña que lo masculino es mejor que lo femenino?; ¿quién la asesorará?; ¿quién dirá que no tiene la culpa?; ¿quién la abrazará? y ¿quién le dirá cuáles son sus derechos?  Y la pregunta del millón, después de denunciar: ¿se vuelve a su casa a vivir con su maltratador? Sabemos que sólo denuncian un 20% y que de ese porcentaje algunas mujeres al día siguiente vuelven a retirar la denuncia, por lo tanto la solución ante el maltrato no es la denuncia, no lo es.

Necesitamos que las mujeres que sufren este tipo de violencia gestionen sus tiempos, sepan que la única forma de terminar con este maltrato es abandonando al maltratador para siempre, él no cambiará, pero, lo tienen que incorporar, desechar la culpa y la sensación de fracaso, asesoradas por buenas profesionales, por espacios íntimos de sororidad y cariño, por el calor familiar y el rechazo social al maltratador, así ellas podrán salir y al final denunciar, porque la denuncia activa una protección para ella y sus hijos e hijas.

La solución a una vida sin maltrato es la educación y la trasmisión de valores, nosotras las mujeres no queremos los derechos de los hombres, no queremos ser como los hombres, queremos una vida sin violencia, sin maltrato, una vida con derechos, los mismos derechos entre mujeres y hombres, las mismas responsabilidades, los mismos sueldos, la misma libertad. Si no somos capaces de desmontar esta sociedad patriarcal seguiremos llorando estos asesinatos y el miedo diario a leer las noticias y a que suene el teléfono.

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