El impacto de género de Gallardón, por Nuria Valera

Era la gran incógnita: conocer el informe de impacto de género (obligatorio para todas las leyes) que el Ministerio de Justicia había redactado para el anteproyecto de reforma de ley del aborto. Hoy lo ha desvelado la Cadena Ser. Según informan, el Ministerio de Justicia ha elaborado un cuadro que recoge un “análisis de impactos” de la reforma del aborto en cuyo apartado sobre efectos económicos puede leerse literalmente que producirá: “impacto neto positivo por los beneficios esperados por el incremento de la natalidad”. El Gobierno espera que la reforma del aborto aumente la natalidad gracias a las nuevas trabas para interrumpir el embarazo. Esa esperanza en que el aumento de la natalidad traiga beneficios a la economía, sin embargo, es puesta en duda más adelante en el propio documento, ya que sus redactores admiten que “el impacto económico es difícilmente cuantificable” y que “no debe ser asociado directamente a la aprobación de la norma” puesto que no es ese su principal objetivo.

En la información de la Cadena Ser se añade que, según el texto, el primer motivo que justifica la reforma es “la NO disminución del número de abortos practicados”, aunque resulta que los datos en los que se basa esa afirmación son erróneos, no están actualizados. La ley se aprobó el viernes 20 de diciembre y solo tres días después, el lunes 23, el Ministerio de Sanidad publicó en su web que el número real de abortos en 2012 había bajado un 5% respecto a 2011 con la actual ley de plazos aprobada por el Gobierno de Zapatero. Los últimos datos que se conocen dicen que los abortos habían descendido y no aumentado: de 118.000 a 112.000.

Efectivamente, cuando se aprobó la ley del aborto de 2010, si había algo de lo que estábamos seguras en el Ministerio de Igualdad era que el número de abortos iba a descender puesto que la ley del 2010, la ley en vigor, ya desde su nombre Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo indica que adopta todas las recomendaciones internacionales y las tiene en cuenta, es decir, que asume que lo importante en la reducción de los embarazos no deseados es una buena educación sexual y el fácil acceso a métodos anticonceptivos que además sean seguros y asequibles.

Es decir, las grandes mentiras de Gallardón respecto a la ley de aborto son que la ley actual no es constitucional (algo que ya dejo claro el informe del Consejo de Estado, confirmando por unanimidad que sí lo es) y que una ley de plazos aumenta el número de abortos cuando es obvio que no tiene nada que ver la prohibición del aborto con el número. Esto es, una ley restrictiva lo único que consigue es poner en riesgo la salud y la vida de las mujeres, no eliminar los abortos.

Pero aún más. Según la información de la Cadena Ser, el borrador de impacto del Ministerio de Justicia refleja la fuerte carga ideológica que tiene esta reforma de la ley del aborto. Por ejemplo, considera que estos cambios refuerzan la libertad de elección de la mujer, a pesar de que obligan a alegar peligro psicológico de la madre incluso en el caso de que una mujer quiera abortar un feto enfermo que vaya a morir nada más nacer.

El texto insiste varias veces en que se ha eliminado lo que llama “aborto eugenésico”, un término que utilizan las asociaciones pro-vida para describir el caso de interrupción del embarazo en caso de malformación fetal. Incluso si el feto tiene malformaciones incompatibles con la vida que signifiquen que morirá en el periodo “neonatal”. Hasta en ese caso, la mujer tendrá que alegar que la pronta muerte de ese feto le va a provocar “grave peligro” para su propia salud psíquica. Ni siquiera cuando se da esa terrible circunstancia se puede abortar explicando que no se quiere gestar un feto que va a fallecer poco después de nacer.

Además, el documento insiste en que esta ley “protege la libertad de decisión” de la mujer pero la realidad es que obliga a superar toda una carrera de obstáculos: esa mujer tiene que alegar “grave peligro” para su salud (que tiene que ser certificado por dos médicos especialistas distintos) debe recibir asesoramiento sobre las consecuencias del aborto y debe tomarse 7 días para “analizar y reflexionar” sobre su decisión. No parece que la decisión sea muy “libre” como dice la reforma. Ahora se puede abortar sin dar explicaciones hasta las 14 semanas de gestación.

Y el colmo: El cuadro que analiza el “impacto de género” de la reforma del aborto estima sorprendentemente que será positivo porque “se deja de considerar el aborto como un derecho de la mujer” y porque, entre otras cosas, “se apoya a la maternidad”

Hay que ser ignorante, cínico y misógino hasta el delirio para hacer estas afirmaciones y por escrito en un texto legal que condicionará la vida de las mujeres hasta el punto de poner en peligro la vida de muchas de ellas.

Si algo ha quedado demostrado con el texto del anteproyecto y la sarta de declaraciones del ministro de Justicia, es que Gallardón tiene un impacto de género pésimo y que si el gobierno de Rajoy no retira esta ley quedará en evidencia (aún más si cabe) el desdén y la irresponsabilidad de un equipo que gobierna en contra de la ciudadanía que le eligió, en contra de la tarea para la que fue elegido y con un desprecio absoluto por la vida y la dignidad de las mujeres.

Fuente: Web Nuria Varela

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