Tu silencio te hará complice, por Rosa Mustafá

Hace unos días escuchaba, horrorizada, en un documental televisivo, las recomendaciones que ofrecía a las mujeres un consultorio radiofónico durante la dictadura franquista. Las instrucciones que brindaba a las mujeres víctimas de maltrato eran realmente crueles, las animaba a asumir con resignación cristiana aquel castigo impuesto por el simple hecho de ser mujer. Pensé en todas las generaciones de mujeres educadas en esa barbarie, en una sumisión supuestamente natural. Pero también en los hombres. En esos hombres que crecieron con la absoluta certeza de que eran superiores por derecho natural, porque la sociedad, la escuela, los medios de comunicación, se lo hicieron creer.

Pensé también en los estereotipos, las actitudes y las manifestaciones sexistas que perduran hoy en día. En los hombres que todavía consideran a las mujeres ciudadanía de segundo orden. Recordé a aquellos políticos que valoran a sus compañeras de profesión, en función de su aspecto físico, que se permiten el lujo de vomitar comentarios soeces sin ningún empacho. De igual manera que emiten juicios de valor sobre la sexualidad de esas mismas mujeres periodistas y tertulianos. Así mismo, no pude olvidar a esos señores, si es que se les puede llamar de esta manera, que últimamente nos confiesan sus preferencias eróticas, por así decirlo, que rozan el delito de pederastia.
La violencia de género no es un hecho casual ni puntual. Cada comentario que perpetúa la desigualdad, es una forma de maltrato. La falta de respeto hacia la dignidad y los derechos de las mujeres son el caldo de cultivo de la violencia machista. No es posible construir una sociedad justa si las personas continúan creyendo en criterios de superioridad e inferioridad en función del género.
La actitud que adoptemos ante la desigualdad es determinante, y por ello, les emplazo a la tolerancia cero ante cualquier forma de maltrato, expresada en forma de chascarrillo, disposición pública o privada o agresión física. Ningún espacio debe ofrecer impunidad a la violencia machista en cualquiera de sus manifestaciones. Y les animo a ello para cambiar una realidad que nos ha obligado, en lo que va de año, a asistir al asesinato de 63 mujeres y 4 niñas y niños. Porque el silencio nos hace cómplices, no consintamos ni una sola agresión más.

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