Presentación de la novela “Beatriz y la loba” de Concha López Llamas

El jueves, 18 de junio, tuvo lugar en el Col.legi Major Rector Peset de Valencia,la presentación de la novela “Beatriz y la loba” de Concha Lopez Llamas, contando con una mesa redonda donde interactuaron además de la autora, Julia Sevilla Merino como presentadora y moderadora por Dones Progressistes CV, Pedro Domínguez Gento por Ecologistas en Acción, ensayista y educador, Concha Martínez por la Asociación de Consumidores de Productos Ecológicos Vland Solaris, Nina Pérez Blasco, Educadora Social de la Fundación Yelcho y Eduardo Barona, Antropólogo y Presidente de Fundación Yelcho.

Dándole vueltas a la forma de unir el espíritu que preside el libro de Concha con la filosofía del colectivo que representaba yo misma en la mesa redonda, Vland Solaris, he hallado puntos de encuentro en lo que de significado holístico y transversalizador tiene la agroecología y el carácter multidireccional de la novela en el sentido de la recreación de un escenario, donde las partes conforman un todo inseparable, que reacciona en cadena ante cualquier estímulo por pequeño que este sea.

Si, en realidad así funcionan todos los ecosistemas, nuestro mundo funciona de esa forma también aunque nosotras hayamos perdido esa perspectiva, lo cual conviene decir que no es porque si, sino que responde a intereses creados que favorecen a unas minorías.

Es demoledor asistir al escenario que crea la autora a partir de esa realidad que comparten las dos hembras en el relato (Oak la loba y Beatriz, una mujer víctima de un marido y un padre maltratadores) e ir desgranando página tras página la denuncia de la violencia per se como instrumento de dominación y sumisión, así como la criminalización de las culturas ancestrales, que el modelo de sociedad moderna noroccidental fagocita a un ritmo muy rápido para amortizar en términos de rentabilidad económica cualquier atisbo de diversidad.

Por poner un ejemplo fácil de entender, decir que en menos de tres generaciones hemos perdido una parte significativa de diversidad natural y una buena parte también del conocimiento histórico que nuestras abuelas y abuelos tenían a cerca de la alimentación, lo que ha llevado a la población a una situación de extrema vulnerabilidad y dependencia.
Estaríamos hablando de los modelos rodillo neoliberales que monetarizan todos los recursos y todas las posibilidades. Y ahí tendríamos otro punto de conexión con el trabajo que realizamos en nuestro colectivo, en la denuncia de ese estilo de vida urbano, sedentario e hiperconsumista que tiene que ver mucho con la globalización y que manipula y re-educa, a través del marketing y la publicidad, el verdadero sentido de la vida para devolvérnoslo convertido en desigualdad, violencia y desempoderamiento.

Del mismo modo que el relato de Concha supone una puesta en valor de las señas de identidad de un territorio, los robledales, los bosques de ribera zamoranos y el río Negro de la Carballeda, tan presente en esa necesidad de limpiarse y dejarse fluir de Beatriz, como cura, como antídoto a la cosificación de su cuerpo por parte de su marido, el trabajo que nuestra asociación realiza en los espacios de huerta tiene también una traducción real en una labor de custodia del territorio de regadío tradicional valenciano y de recuperación de semillas autóctonas que aseguran la biodiversidad y la supervivencia de variedades tradicionales que de otro modo se perderían porque la agroindustria no las considera rentables.

Es curiosa también la conexión que establece la figura del abuelo Manuel como transmisor de cultura rural y afectos hacía Beatriz, y que corre paralelo en el relato al personaje del lobo viejo, Vecio, que primero acompaña a la loba Oak y que luego encontrará su lugar como cuidador de sus crías en el seno de la comunidad gregaria de los lobos. Una labor de recuperación de la memoria histórica que también tiene que ver con trabajos que realizan colectivos como Vland Solaris , y que ponen en valor las historias y experiencias personales de agricultores y agricultoras muy mayores y el formidable caudal de conocimientos, absolutamente indispensables para entender la compleja matriz de estos paisajes culturales y que sobre todo en el caso de las mujeres ha sido históricamente silenciado, sin reconocimiento, ni valor social ni económico como expresa con enorme crudeza y abnegación el personaje de la abuela de Santiago, Francisca la mujer de Severino, en esta novela. No se puede pensar en el futuro sin establecer un diálogo entre el pasado y el presente como bien demuestra este relato.

Otra cuestión que celebro enormemente es la labor de recuperación que hace la autora del lenguaje y el argot lugareño, una seña más de identidad de la comunidad que habita esa zona. E igualmente no puedo cerrar este comentario sin citar la proximidad como herramienta de resiliencia, de supervivencia. En el caso de Beatriz los lazos que mantiene con su amiga Lucía, pero sobre todo ese fed back, que preside una buena parte del relato, con el abuelo Manuel. Y qué decir de la trayectoria de la comunidad lobera, sin la proximidad que mantienen sus congéneres sería imposible su supervivencia, ya de por sí complicada por al tener que compartir su espacio con el hombre y las disrupciones que ocasiona esta cohabitación.

En realidad, y volviendo a Beatriz y la loba, a mi modo de ver todo el texto ES en su conjunto un grito de denuncia pero también un canto a la dignificación de la vida y de la memoria, a la posibilidad de transformar el dolor, y al impulso de un paradigma que sea alternativa al actual modelo de deterioro ecológico y social.

Un nuevo modelo que precisa de una vocación de análisis holístico para todos los procesos que lo conforman. Un modelo que, en su sentido más amplio, sea capaz de analizar, investigar, considerar e integrar….sobre todo en el caso de los espacios naturales, pues…desde las características del suelo, los ciclos minerales, las transformaciones de energía, los procesos biológicos y las relaciones socioeconómicas COMO UN TODO.

No separar unas partes de otras porque en realidad nos unen relaciones de interdependencia y si se daña una parte del sistema, tod@s resultamos dañados a corto, medio o largo plazo. El suelo, las plantas, los animales, las personas, las comunidades de cualquier tipo formamos parte de una unidad cuyo centro debe estar ocupado por la vida, presidido por el equilibrio en las relaciones y la equidad de género.

Creo que a grandes rasgos esa es la esencia de la visión eco feminista que preside este libro, este trabajo maravilloso, fácil de seguir, de lectura más que aconsejable y que supone un ejercicio de introspección, pero no sólo hacía a dentro, no solo hacía las miserias humanas sino también hacia afuera en un contexto más holístico como decía antes, más global, de lo que significa nuestra influencia en el entorno.

Crónica Concha Martínez.
Fotografías Angeles Cozas Villena/Concha Martínez

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