¿Por qué está en crisis la igualdad?, por Rosa Gómez Torralbo, Presidenta de la Asociación para la Defensa de la Imagen Pública de la Mujer

Son tiempos de cambios profundos, pero de momento, lo que estamos viviendo es una crisis que sirve para justificar una suerte de estado de excepción, que suspende derechos económicos, sociales y políticos, bajo el pretexto de que es lo mejor para salvarlos, y ¿qué está pasando con la igualdad de mujeres y hombres? Aparentemente no se pone en cuestión, simplemente, no es una prioridad, no está en la agenda, pero sólo hay que salir a la calle para darse cuenta de que algo está cambiando, que hay una fuerte ofensiva sexista. El artículo reflexiona sobre cómo la crisis está dejando al descubierto una ofensiva patriarcal, los recursos de los que se valen los sectores más conservadores para esta reversión de la igualdad y algunas estrategias políticas y sociales que habría que activar para salir de la crisis sexista.

Contexto institucional y normativo favorable.
Informes nacionales1 e internacionales2 coinciden en señalar que la igualdad de mujeres y hombres es un factor clave para el desarrollo. La Organización de Cooperación y de Desarrollo Económico3, observa que el empleo de las mujeres es lo que más contribuye a reducir las desigualdades en los ingresos de los hogares en todos los países. Ya en 1991, la OCDE4 alertaba a los gobiernos de que para conseguir afrontar los retos que se avecinaban de evolución demográfica, progreso tecnológico y proceso de globalización, debían llevar a cabo un ajuste estructural que permitiera rentabilizar plenamente la contribución de las mujeres al crecimiento económico y al progreso social. La realidad ha validado estas afirmaciones, ya que los países con un desarrollo socioeconómico más alto y los que mejor se están manteniendo a flote en las actuales turbulencias, son los que tienen un nivel mayor de igualdad.
En la IV conferencia de las Naciones Unidas sobre la Mujer, celebrada en Beijing, en 1995, se pactaron medidas para ese cambio estructural, que reconociera a las mujeres su condición de ciudadanas de pleno derecho.
En España, hemos experimentado en los últimos años un avance normativo y de apoyo institucional sin precedentes5. Todo ello ha contribuido a que se extienda el espejismo de que ya está casi todo conseguido.
En este escenario, estalla la burbuja especulativa y nos inunda a la sociedad real, con una lluvia de demandas insaciables para tapar sus heridas. Los gobiernos electos, deben entregar las ofrendas exigidas, o son sustituidos por otros más “eficaces”. Los tiempos de las operaciones especulativas no permiten negociar, se impone el autoritarismo y se declara por la vía de los hechos una suerte de estado de excepción, que suspende derechos, con el argumento de que es lo mejor para mantenerlos. El contrato social que nos permitió construir los estados de bienestar se está deshaciendo. ¿Qué está pasando con la igualdad de mujeres y hombres?
Ofensiva especulativa y sexista
En apariencia, la igualdad de género no se pone en cuestión, simplemente, no es una prioridad. En general, las restricciones en las inversiones públicas están afectando a las políticas esenciales para hacer efectivos los avances normativos. Concretamente, en España, ha llevado a la renuncia de medidas, como la ampliación a cuatro semanas del permiso por paternidad6. Pero sólo hay que levantar la cabeza y mirar alrededor para darse cuenta de que la crisis de la igualdad es más profunda.
Si la ofensiva especulativa viene del capitalismo, la sexista es producto del patriarcado. Con el estado del bienestar, se ha incrementado la participación de las mujeres en el mercado de trabajo7, en todos los niveles educativos y en el acceso a puestos de decisión, sobre todo, en el ámbito de la representación política. Sin embargo, junto a la hegemonía de la globalización financiera, liderada por los sectores más ultraliberales y apoyados por las iglesias, viene la reacción patriarcal.
Emerge un modelo de hombre, que alberga en su imaginario a la mujer como objeto sexual. El mandato de extremar los atributos sexuales como rasgo de identidad femenina, queda oculto tras la declaración de igualdad y libertad de las mujeres, con lo que, todas las jóvenes “eligen” utilizar tacones de 10 centímetros, ir maquilladas a todas horas, o desear pasar por la cirugía para sentirse bien con ellas mismas. Los patrones de belleza son cada vez más efímeros, menos compatibles con una mujer real cuya esperanza de vida se alarga y cuyo cuerpo tendría que ser su mejor aliado para esa larga travesía, y no su peor enemigo, como se pretende que ocurra.
Las armas que utiliza el patriarcado para ejercer su poder son al menos tres: los valores, el control económico y la violencia.
Nuevas prácticas políticas frente a la ofensiva sexista
Los avances logrados a lo largo de los últimos 30 años se consiguieron gracias al concurso activo y concertado de mujeres del movimiento feminista y de los partidos políticos de izquierdas, que cristalizaron en las políticas públicas de igualdad y en la creación de los organismos de igualdad en los años 80 del siglo pasado. Las políticas de igualdad han estado demasiado confinadas en el ámbito institucional, ahora es necesario alimentar el proceso de actuación política desde la acción social.
La acción tiene que dirigirse, al menos, en tres direcciones: a entender y compartir las razones de la crisis y desvelar que el marco de referencia que se está utilizando para los análisis económicos y sociales no es neutral. La incomprensión genera indefensión, la indefensión paraliza, al igual que el miedo, e impide convertir las necesidades en reivindicaciones. La clave está en el sistema educativo. Con la ofensiva sexista, viene, el debate sobre la educación segregada y aún no se ha conseguido desarrollar una auténtica coeducación, ni incorporar lo que la ley contra la violencia de género establece, sin embargo, se está sosteniendo una enseñanza religiosa en los centros públicos.
Las administraciones tienen que cumplir las leyes de igualdad. Las mujeres no han dejado de incrementar su participación en la población laboralmente activa, su índice de paro se ha mantenido igual o más alto que el masculino, pero las medidas se han dirigido básicamente a los hombres. ¿Se ha analizado el impacto de género de estos programas?
Por otra parte, es necesario el reconocimiento de las organizaciones de mujeres como interlocutoras válidas para el diseño, desarrollo y evaluación de las políticas públicas. Uno de los espacios de participación a reactivar son los consejos de la mujer creados en todas las administraciones públicas.
Las políticas públicas pueden recortar su inversión en igualdad, pero no hay marcha atrás, lo único que se conseguirá es frenar el progreso y perder capital social.
El reto está en conseguir, mediante la articulación de la acción social, que la igualdad de género esté en la agenda política global.

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