Pero este trabajo yo para que lo hago

ÍNDICE
0. Declaración de intenciones
1. Desde dónde, por qué y cómo lo hacemos
2. Introducción ¿Quiénes y qué somos y en dónde nos movemos?
3. Anexo con los itinerarios de las entrevistadas
4. Anexo con el cuestionario
5. Para qué y por qué trabajamos. Por la vivienda, la vocación y la ética del trabajo
6. No es el látigo, es el reloj Las hambrunas de tiempo de las jóvenes trabajadoras
7. Permanentemente concursando Polivalentes, cursillistas, voluntarias
8. ¿Amas de casa? No queremos, pero tampoco podemos
9. Dar una imagen, cueste lo que cueste El cansancio de la comparecencia
10. Comidas nerviosas y comidas droga Cuando la sombra del trabajo anida en el estómago
11. Enfermas de cuerpo y mente por presión laboral Tapando los mensajes del cuerpo para rendir más
12. La empresa es tu familia y debes mimarla Los recursos humanos invaden la vida privada
13. Violencia de género laboral El espacio de trabajo se hace opaco como alcoba
14. Conclusiones. De Fragel Rock a la utopía El decrecimiento colectivo
15. Bibliografía
Rosario Hernández Catalán
charoheca@yahoo.es
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Voy a hablar muy claro. Queremos que este estudio te sea útil y arroje un poco de luz a esos días tuyos de veinticuatro horas que necesitarían cuarenta. Queremos que le pongas nombre, razones y contexto a esos malestares tuyos que no sabes muy bien de dónde vienen. A esa desazón, a esa ansiedad, a ese nudo en la garganta, a esa tensión con que afrontas cada jornada laboral y con que afrontas la vida. No es un problema tuyo, individual, no eres tú que no vales lo suficiente, porque no eres lo bastante versátil, lista, preparada, no es que no sepas los idiomas necesarios… No es cosa tuya, es cosa colectiva, es cosa de eso que a veces llaman sistema, a veces llaman capitalismo posfordista (ya explicaremos qué es eso), que otras llaman patriarcado y que aquí entre tú y yo vamos a llamar Patrix. Seguro que has visto Matrix y sabes un poco lo que significa un sistema opresivo a veces dulce que está en todas partes. No es justo llamarlo Matrix, de matriz, de madre, conviene más llamarlo Patrix, porque si hay algo que está en todo el planeta, que encontramos en la economía, en la religión, en el arte, en el lenguaje, en la política, la ciencia y los gestos, ese algo es el patriarcado, que no es sólo el sistema que rige la cultura gitana, sino también este mundo nuestro payo en el que la mujer ha sido siempre el segundo sexo. Sin ir más lejos, en tiempos de Franco, hace poco más de treinta años, una mujer no podía tener su propia cuenta en el banco, debía constar también su marido, su padre, su hermano, cualquier tutor varón que la vigilase. Piensa en la violencia de género, en el sexismo del lenguaje, en las mujeres como objeto de consumo en la publicidad, piensa en la desigualdad salarial, abre el periódico y cuenta cuántas fotos de mujeres aparecen en la sección de política y economía y cuántas en la sección de anuncios de prostitución y sucesos como víctimas.
Y sí, las cosas están cambiando, sólo faltaba, pero queda tanto… Piensa si no en la violación de mujeres como práctica de guerra, en la trata de blancas, en la lapidación de las adúlteras (que por cierto, por no irnos lejos, en tiempos de Franco, hace poco más de treinta años, ya digo, una mujer adúltera podía ir a la cárcel). Pues esto, y mucho más que callo por no tener suficiente espacio, es el patriarcado, algo que está en todos los países, en todas las bocas, las mentes, las conductas… porque algo que lleva funcionando unos cinco mil años no desaparece de golpe. Y por eso existimos las feministas y existimos con la ilusión de poder algún día dejar de serlo.
Las ideologías pesan, no somos feministas como quien colecciona sellos, somos feministas y nos fastidia tener que serlo a estas alturas de la Historia. Es hermoso porque te da lucidez y energías, pero también es duro. Porque a Patrix se le derrota por un lado pero revive por el otro como Ave Fénix, como cabeza de Hidra. Él se levanta remozado, diferente y disfrazado después de cada conquista nuestra. Pero no importa, nosotras también sabemos adaptarnos a sus nuevas vestiduras. Y así seguiremos como perra y gata, por los siglos de los siglos.
Quiero que disfrutes leyendo y te sientas identificada con los casos estudiados para que con suerte cierres el libro con un poquito más de conciencia de clase y conciencia de género. Estas dos conciencias te hacen saber que si para vivir necesitas trabajar y si además eres mujer, la vida no te va a ir tan de perlas como a Manuel Fernández, director del Banco BBVA, o a Ana Koplowitz, propietaria de montones de empresas que ni siquiera imaginas. Eres hija de quien eres, trabajas y vives donde vives y además eres mujer. No se te olvide. Si además eres negra, lesbiana, inmigrante o tienes una discapacidad… Ya sabes cómo va este teatro del mundo, ya sabes cómo irá la función dependiendo del personaje que te haya tocado.
Sigamos con la claridad: buena parte de los estudios y ensayos que abordan el tema de trabajo están escritos para la élite. Hay gente muy lúcida y honesta, militantes en el feminismo, el anarquismo, el ecologismo o el marxismo cuyas reflexiones dan mucha luz a esta vida nuestra sin preguntas, a esta vida nuestra de pagar hipoteca, buscar trabajo y poco más, pero esa gente, ciertamente, escribe para la academia, escribe para iniciadas, para gente que ya entiende la jerga, para sociólogas, filósofas o economistas, y tú no tienes porqué cumplir estos requisitos. Escriben para cuatro incluso aquellas personas que adquieren un compromiso social, un compromiso rebelde. Si incluso las editoriales alternativas y autogestionadas, las editoriales que difunden sus libros no en El Corte Inglés, sino en locales sociales echados a andar por gente comprometida con todas las causas nobles, editan libros que para entenderlos hay que hacer un master en género, o en marxismo o en cábala… Luego los descifras y si es cierto que entre esas trescientas páginas escritas en clave sacas unas cuantas ideas que te ayudan a entender mejor a Patrix y, con un poco de suerte, a salirte de él de vez en cuando. Pero para descifrar esos libros hay que echarle sudor, esa es la verdad.
Una feminista muy potente, una luchadora a quien debemos agradecer en parte muchas de las libertades que ahora disfrutamos, Lidia Falcón, decía: “expertas en lenguaje y no hay Dios quien las entienda”. Se refería a ciertas teóricas feministas, muchas de ellas lingüistas, que cuando escribían ensayos para abordar la situación de las mujeres acababan hablando a su ombligo. Sólo unas pocas podían entenderlas y eso no es legítimo. Si las ideas son buenas, si sirven para movilizar y liberar, han de ser entendidas por todas. Si no, no son grandes ideas. La verdad es siempre muy sencilla. Pienso así sinceramente, no es demagogia.
Me he preguntado cómo es que cierta gente a la que admiro intelectualmente, gente que me ha dado muchas claves para la rebeldía, para entender que este sistema apesta, me he preguntado, digo, porqué razón esta gente insiste una y otra vez en escribir tan oscuro. Creo que sé la razón, pese al compromiso político, esta gente viene o incluso trabaja en la Universidad. Conozco un poquito este medio, sé algo de sus reglas, de sus exigencias a la hora de hablar y escribir. Aunque esta gente a la que admiro sea crítica con el Estado, el capital y el patriarcado, a la hora de escribir no puede evitar usar un estilo que, consciente o inconscientemente, está destinado a seducir a sus iguales académicos. En el fondo escriben para un imaginario tribunal de sabios (pocas veces de sabias), escriben para que esta o aquel compañero también marxista o feminista se dé cuenta de lo mucho que valen sus teorías y de lo muy a la última que está (también en el pensamiento existen modas y alardes, conviene no ser hortera, conviene ser cool). Es por el ego, por la autoestima intelectual, por dejar con la boca abierta a todo el congreso, a todo el seminario, a todo el público de las jornadas. Es como si yo fuera peluquera y me empeñara sólo en hacer recogidos de novia para demostrar a las compañeras y compañeros lo mucho que valgo. Es como si, para enseñarles mi valía, me empeñase en hacerle recogidos de novia incluso a la señora mayor que viene para que le carde y le tiña sus cuatro pelos, sería ridículo, ¿no?, pues al haber interiorizado las normas de la academia, al pensar que tienen que enseñarle al mundo lo mucho y difícil que han leído, muchas de estas gentes intelectuales comprometidas se pasan la vida haciendo recogidos de novia que no vienen a cuento. E imagínate cómo serán entonces las intelectuales y los intelectuales que no se comprometen, el personal erudito sin más.
Eso, que tú no tienes que conocer a Michel Foucault, Gilles Deleuze, Toni Negri, Michael Hardt, Pierre Bourdieau, Donna Haraway, Marilyn Waring, Judith Butler, Simone de Beauvoir, Rosa Luxemburgo, Federico Engels, Vandana Shiva, Nico Hirtt, Lewis Mumford, Cristina Carrasco, Zygmunt Bauman, Paolo Virno, María Ángeles Durán, Betty Friedan… no tienes porqué haber leído los Grundisse de Carlos Marx y ni si quiera el Manifiesto Comunista. Si es que tampoco tienes porqué tener muy claro quién era Marx. Y es normal que también pienses que eso del feminismo es cosa del pasado. Toda esta gente que cito y mucha otra que encontrarás en la bibliografía es en general bastante densa. Reconozco que a mí me encantan, pero yo no soy la medida de todas las mentes. Mientras yo estaba leyendo a esa gente, porque pese a ser de clase humilde he tenido la oportunidad de llenar mi cabeza de ideas liberadoras, tú quizás hayas estado poniendo copas, peinando cabezas, cuidando enfermas, vendiendo ropa, recibiendo llamadas, haciendo bocatas, buscando trabajo, cuidando a tu padre, limpiando casas, repartiendo publicidad, rellenando informes, justificando subvenciones, estudiando leyes, dando clases de inglés, dirigiendo obras, investigando genes… yo que sé. Lo que te digo, que cada una ha dedicado su vida a lo que ha querido y ha podido. Y entre ese querer y ese poder, no tienen porqué estar ni Serge Latouche ni María Mies. “Cada loca con su tema”, dice el refrán. Permíteme entonces que acerque mis locuras a las tuyas para ver si entre todas hacemos más y mejor camino. 

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