Mi pensamiento era que no valía nada: la realidad de las mujeres en el sureste de México, por Ángela Beatriz Martínez González

Por Ángela Beatriz Martínez González-México. La violencia ejercida contra la mujer constituye un significativo problema cultural, social, político, y de derechos humanos, que tiene su origen en la organización, la estructura y la dinámica de las sociedades y afecta severamente los sistema sanitarios y esencialmente la salud de las mujeres, por su frecuencia, incidencia y mortalidad (OMS, 1998). La segunda consecuencia mortal de la violencia de pareja es el suicidio. Las mujeres dañadas tienen una mayor probabilidad de suicidarse.
En el sureste de México destaca la provincia de Tabasco, entidad que se ubica dentro de los diez estados donde más se maltrata a la mujer, al mismo tiempo en esta región el suicidio se ha convertido en un problema de salud pública, en los últimos años ha tenido una tasa de incidencia de actos consumados superior a la registrada a nivel nacional.
En ese marco en estas líneas se pretende visibilizar la experiencia de vida de una joven mujer de un grupo socialmente vulnerado. Estas líneas representan una distinción a una joven mujer víctima de violencia por parte de su pareja. Este testimonio surgió en medio de una triste partida de la vida. Estas fueran las últimas palabras de Elena quien nunca salió del hospital para reintegrarse a su vida, ella falleció por falla hepática por ingerir un herbicida, ante la desesperación de salir del sufrimiento que le generaba su marido. Elena era una joven madre que viva en una zona rural en medio de la pobreza, circunscrita al ámbito de su círculo familiar, al relatar su experiencia, estaba impregnada de mucha tristeza y soledad, reprimida y con mucho miedo:
“Mi pensamiento era que no valía nada, en este mundo, mi esposo me decía las mujeres no se mandan solitas, siempre he tenido temor que mi opinión no cuenta, ya no quiero vivir en ese infierno, el me golpea mucho dice que para que aprenda”. En esa ocasión me puse a llorar y entonces agarré y me tomé ese veneno y me puse a pensar Dios mío que hice, me empecé a sentir mareada y agarre a mi niña, tome agua de azúcar, tome una naranjas [ …] de allí no pensaba en él sino en mi niña. …empecé a vomitar y me caía yo al suelo escuché que tocaban la puerta me levanté, me quité mi ropa me iba a acostar cuando llegó él y dice qué cosa haces y me dice algo hiciste y le digo no, me voy acostar y luego me empezó a golpear a patear, me jaló los pelos, luego le dije me tome eso y luego él me dice tu hiciste algo malo, …le dije que me ayudara que ya me sentía muy mal”.
“Estoy arrepentida de lo que hice […] ahora tengo motivos para vivir, me iré con mis padres y mi hija haré un propósito en la vida, […] me arrepiento me hice daño a mí, mi familia, a mi cuerpo, tenía ganas de no hacer nada eso pensé equivocadamente, a pesar de las dificultades en la vida se sale adelante […] me siento con ánimo de seguir viviendo, contenta de que me visite mi mama, mi hermana”.
Elena no era una empresaria, una académica o una líder, fue una joven mujer de 22 años, de la etnia chontal, de origen campesino, con nivel de escolaridad de secundaria. Tras quince días de agonía, el 2 de marzo de 2008, Elena falleció, se suicido, ingirió “paraquat” es el herbicida más vendido en todo el mundo:
Su historia da cuenta de la inequidad y desigualdad que viven las mujeres en esta región de México. Es necesario visibilizar las experiencias de estas mujeres de las que poco se habla, poco se conoce, de las excluidas, de las marginadas, de las mayorías, donde no desconocen sus derechos y asumen el rol de mujer abnegada, sumisa como parte de su identidad de género.
En el seno de este proceso, la mujer tabasqueña está envuelta en una dimensión sociocultural marcada por una visión muy conservadora y tradicionalista, su vida se circunscribe al ámbito de las tareas domesticas, reproducción, cuidado y alimentación de los hijos y la pareja, dicho de otro modo, la procreación, sumisión, abnegación, obediencia, fidelidad y dependencia como elementos constitutivos del ser mujer. Las mujeres se casan a una edad muy temprana aproximadamente entre los 13 y 19 años, siendo una “opción” ante la imposibilidad de acceder a otros espacios educativos, laborales, culturales y otras actividades de participación social, siendo objeto de discriminación y marginación en todos los ámbitos de la sociedad.. Pero las mujeres de de origen chontal, viven mucha violencia, una vez que sufren maltratos se quedan calladas, “no dicen nada”, en estos pueblos aún prevalece la “cultura machista” patriarcal,, desde temprana edad se les prepara para su futuro matrimonio y familia, “para que le sirva a su marido.
Un informe realizado por la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Tabasco A.C. (2010) y la Secretaría de Salud del estado de Tabasco, reportaron que de enero de 2007 a mayo de 2009, se atendieron 3466 casos de violencia. Las instituciones reportaron que el 30% de estos casos corresponden a adolescentes y el resto a mayores de 15 años de edad. En el estado de Tabasco de 2005 a 2009 se han suscitado 1761 casos de violación, sólo en 21% se ha detenido al agresor. Las edades en que más se da la violación es de los 15 a 19 años y de 2007 a 2009 ocurrieron un total de 131 seguidos por niñas menores de 10 años.. En un 90% el agresor ha sido un familiar como: el hermano, el primo, el hijo el tío, padre, el sobrino. Por otra parte la Procuraduría del Menor y la Familia reporta, que de enero de 2007 hasta julio del 2009 atendieron 1199 denuncias por maltrato a mujeres. Por su parte, la Procuraduría General de Justicia reportó que durante 2008 inició 2316 averiguaciones previas por los delitos de violencia familiar, por asesinatos contra mujeres reportó haber iniciado en 2007, 29 averiguaciones previas; en 2008, 30, y hasta el mes de septiembre de 2009, reportó 24 averiguaciones previas por homicidio femenino. Estas cifras destacan que las mujeres en Tabasco tienen un trato asimétrico que redunda en la restricción de sus libertades y en el ejercicio de sus derechos. Además del deterioro de salud física y psicología. Las mujeres maltratadas sufren empobrecimiento material durante la relación. Las mujeres que sufren violencia pierden ingresos y ven perturbada su capacidad de ocuparse en la vida. La pobreza puede forzar a las mujeres a hacer elecciones difíciles que las ponen en peligro de sufrir violencia o las mantienen en ese escenario.
Si se calcula el impacto de la violencia doméstica en el deterioro de la salud, los resultados son serios: el Banco Mundial estimó que anualmente hay 9 millones de años de vida saludable (AVISA) perdidos en el mundo en concepto de violaciones y violencia doméstica, cifra mayor que el total de mujeres víctimas de todos los tipos de cáncer existentes y más de dos veces del total de AVISA perdidos por mujeres en accidentes de vehículos motorizados (World Bank, 1993).
La violencia en la pareja es uno de los principales obstáculos para el desarrollo de las mujeres puesto que trastorna la vida de las mujeres; reduce su confianza y afecta su autoestima; limita su participación en la vida pública, delimita sus opciones e impone restricciones a la información y los servicios y atropella sus derechos.
Este estudio de caso representa a cientos de mujeres que carecen de redes sociales, familiares, institucionales ya que en esta zona no hay presencia de organizaciones civiles, las escasas políticas públicas gubernamentales, no tienen como prioridad la perspectiva de género. Estas líneas pretenden llamar la atención para que intervengan en esta cruda realidad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.