La Revolución del Jazmín. Entrevista a Zeïneb Toumi, feminista tunecina, para Webislam

“Al pueblo tunecino no lo dejes con hambre ni lo hinches de comer, trátalo con justicia porque si se rebela no podrás con ello”

Bourguiba, en su última visita a Ben Ali en el palacio de Cartago
En su opinión, ¿qué supone para el pueblo tunecino el derrocamiento de Ben Ali?
Es importante subrayar que Ben Ali llegó al poder con un golpe de Estado en noviembre de 1987, haciéndonos creer en él, en que lo necesitábamos, al provocar disturbios antes de las primeras elecciones y dio a entender que esto se debía a los integristas-islamistas que entonces tenían mucho peso en la escena política.
Desde entonces el sistema policial se hizo más potente, se han ido recortando las libertades y en su lugar dominó el miedo y las dudas, y eso no sólo en el espacio público sino en nuestras casas.
En mi familia no hablábamos abiertamente de si eso estaba bien o mal. Hoy Ben Ali se ha fugado, y nos ha dejado en una situación de confusión, no sabemos hacia dónde vamos pero somos muy optimistas: nos despertamos y ya no tenemos miedo. Ya no está Ben Ali aunque sigue existiendo un sistema corrupto cuyas secuelas no va a ser fácil de superar.
A pesar de eso, ¡qué bonito es oír o leer cuando nos despertamos “te deseo un mañana libre” en lugar de un sbeh el jir (“buenos días”, en tunecino). Se siente, se respira libertad pero aún es pronto para celebrarlo, no debemos apoyar al nuevo gobierno o debemos limitar su poder porque lo forman una gran mayoría de partidarios del exdictador, y hay que denunciar una ausencia casi total de las mujeres. El presidente interino Mebaza, prometió separar las competencias del gobierno con el RCD, el partido que casi todos quieren ver desaparecer por corrupto. Ben Ali se fue, huyó y con él desapareció el miedo.
¿Qué factores han hecho posible el derrocamiento de Ben Ali ahora? ¿Cree usted en la fuerza de los oprimidos?
Hemos permanecido 24 años callados, y antes, 30 años agradecidos a Bourguiba. Nos bastaba trabajar y comer pan. ¡Pero si ni siquiera nos dejaron eso! El pueblo tunecino ha aguantado mucho.
No hay libertad de prensa, no hay diálogo, no hay vida cultural y política verdadera y constructiva, no hay trabajo para los diplomados (soy un ejemplo vivo), no hay igualdad de oportunidades, no hay un proyecto ni negocio, ni fuente de riqueza que no sea del clan de los Trabelsi (familia de la esposa de Benali). Los precios dejaron de subir pero el peso tiende a disminuir (la barra de pan bajó de peso, los yogures en tamaño más pequeño), etc.
Sin embargo, los tunecinos de las grandes ciudades no dejan de gastar más de lo que ganan, no hay hogar sin deudas ni hipotecas. En las zonas desfavorecidas el malestar aumenta con la noticias de las represiones en Metlawi, Rdeyef, en la provincia de Gafsa. Todos hablaban de la resistencia de todo el pueblo y aun así Ben Ali hacía oídos sordos.
En cuanto a Internet, se censuraban muchas páginas de opinión y críticas a la dictadura, no accedíamos ni a dailymotion, ni a youtube. Teníamos acceso al Facebook de milagro. En realidad, creo que era para controlarnos mejor; aún así circulaba la información, los mensajes, las caricaturas (Flament Rose), las canciones juveniles, el Rap y el HipHop que desvelaban sobre todo la censura digital.
Los tunecinos y las tunecinas buscamos siempre la información, nada ni nadie nos podía parar aunque el miedo hacía que nos limitáramos a observar y almacenar informaciones.
La gente en las zonas interiores son conocidas por su valentía, por su generosidad, por su orgullo y gran solidaridad, debido al modo de vida tradicional y precario. A mi parecer es eso lo que provocó las primeras protestas, cuando el Bouazizi, un joven diplomado en paro, estaba tan desesperado que se inmoló tras haber sido humillado en público, además ni le dejaron expresarse, denunciar lo que estaba pasando. “¡Basta ya!”, esto es lo que pasó, la gente de Sidibouzid no estaba ganando nada bajo la dictadura y lo mismo en la provincia cercana Gasserine.
Así, empezaron espontáneamente unas manifestaciones para decir que ya no podían soportar la injusticia, la pobreza y además la humillación. No dijeron nada más que este primer eslogan “¡trabajo por mérito, mafia de ladrones!”. Lo dijeron al gobernador de la provincia, a los funcionarios y la reacción fue autorizar y dar orden a la policía de que abrieran fuego, para que mataran, porque las primeras balas no iban a las piernas sino de cintura para arriba. Nos llegaron las imágenes a través internet, de Facebook, y de ahí hemos empezado a darnos cuenta de que nuestras vidas no valían, nuestras voces llegaban y molestaban.
Desde entonces la represión policial ha sido peor, más violenta y la gente entendió que eso no se iba a acabar. Así que todos se solidarizaron con Sidibouzid y Gasserine, y todos estábamos preocupados por el estado grave de Bouazizi.
Ben Ali se equivocó al pensar que con visitarlo y prometer ayuda a su familia iba a hacer que nos calláramos. Para nosotros era una señal de que somos una fuerza, de que unidos hemos vencido el miedo y hemos molestado a quien pensaba acomodarse en el palacio presidencial de Cartago. Cuanto más nos quisieron acallar peor fueron las cosas. Cada vez éramos más numerosos, cada vez sentíamos más nuestra fuerza, sobre todo con el uso de las redes sociales. Salieron los abogados, hicieron huelgas; gritaron los periodistas frustrados durante años, reaccionaron todos los estudiantes y desgraciadamente se suicidaron muchos otros jóvenes. Por desgracia no lo pudimos controlar. Me duele mucho recordar las imágenes de un alumno que se sintió oprimido y se inmoló en su colegio, sus amigos lo grabaron. Era Ayoub, no puedo olvidarlo. Aunque no lo conocía, estoy llorando su muerte, y sus amigos del colegio necesitan mucho apoyo psicológico. Esto es, en resumidas cuentas, lo que llamamos el principio de la Revolución del Jazmín.
¿De qué manera han contribuido los jóvenes tunecinos en este cambio? ¿Cuál ha sido la participación de las mujeres?
Es difícil limitar las contribuciones a los jóvenes aunque ahora tenemos vídeos de chicos y chicas que celebran la caída del dictador.
Hemos actuado simultáneamente en el espacio público y el espacio social virtual. Los vídeos realizados a través de los móviles alimentaban los debates y prevenían la etapa siguiente. Por cada imagen chocante, por cada muerte, la reacción en internet y los grupos dejaban claro que estaban indignados y que el fin de la dictadura estaba próximo como única salida a la crisis.
Los fracasados discursos de Ben Ali ponían en jaque a su gobierno. Nunca supo dirigirse a la gente con un lenguaje espontáneo, con el cual nos identificábamos cuando se trataba de Bourguiba. Los jóvenes empezaron a participar con comentarios atrevidos, publicaciones de las reacciones en todas las regiones, grabaciones de mensajes de personas que querían apoyar de lejos la revuelta. Los grupos públicos publicaban en masa y los grupos cerrados debatían, reflexionaban, animaban a una reacción general. En los grupos cerrados (en los cuales participo) la participación femenina era constructiva y llamativa. En los grupos abiertos saltaba a la vista el rol tradicional y patriarcal de género: las mujeres como ciudadanas de segunda clase. Basta con notar que el uso del femenino de ciertas palabras estaba descartado. Y yo me preguntaba si el masculino es genérico o si es que nosotras no tomamos iniciativas para hacernos visibles.
Soy feminista y estoy realizando estudios de género. He observado que la participación de las mujeres en el espacio público es una realidad aunque desgraciadamente son una minoría. La sociedad tunecina no ha superado su tendencia proteccionista hacia las mujeres. Aún así, han circulado tres vídeos durante los primeros días de la Revolución del Jazmín que muestran que si las mujeres se lo proponen su voz puede llegar a todas partes y su participación es igual o quizás tenga un mayor efecto.
Una señora que se encontraba por casualidad en la concentración de los abogados, tomó la palabra. Denunció la represión y corrupción del sistema de Ben Ali sin quitarse su sefsari, el típico velo de la mujer tunecina desde los años 20 o mucho antes.
La segunda mujer cuya voz también ha sido impactante es la de una joven del UGTT (Unión General de los Trabajadores). Estaba en una plaza, escaló una ventana y denunció la dictadura, la represión, la corrupción, la injusticia y llamó a acabar con todo eso. Nadie vio en ella a una mujer joven sino simplemente a una ciudadana valiente que como ella necesitamos a muchas, según muchos comentarios que he leído acerca del video en el cual aparece.
La abogada Bochra Bel HadjHmida estaba participando en casi prácticamente el único y tardío programa de televisión, en el canal privado NESMA TV, cuando tomó la palabra y se atrevió a denunciar la censura mediática y también puso sobre la mesa la cuestión sobre el porqué se censura a la Asociación de Mujeres Demócratas a las que ni siquiera dejaron salir a manifestarse pacíficamente. La participación de Bochra tuvo mucho eco, hasta tal punto que al día siguiente se cerró su cuenta de Facebook para silenciar sus críticas.
¿Qué piensa de la posición de Francia, antes, durante y después de las revueltas? ¿Cree que dejará que se lleve a cabo una transición democrática o seguirá tutelando a Túnez en la sombra?
¡Francia no es propiedad privada de Sarkozy! Este presidente es el peor que ha tenido Francia y propuso como un cobarde que intervinieran sus fuerzas de seguridad en apoyo a su amigo Ben Ali. Dejó de razonar, tiene los días contados como político. Personalmente creo en los intercambios y las ayudas entre pueblos y organizaciones. Hay mucha amistad y muchos intereses económicos entre ambos pueblos.
Y si el gobierno francés y el pueblo francés están de acuerdo con los propósitos de Sarkozy, será que ellos se olvidaron de que nosotros nos hemos independizado dignamente y que si hay intercambio y relaciones, debería ser en función de nuestros intereses mutuos.
El gobierno francés sabe que geográficamente nos tendrá siempre enfrente. Si respeta la soberanía del pueblo tunecino, saldremos ganando ambos, pero si intenta intervenir y poner pegas a nuestra revolución, Sarkozy perderá su puesto como presidente tal como ha perdido la confianza y la popularidad tanto en Francia como a escala internacional. Por eso no le doy mucha importancia a la posición de Francia/Sarkozy pero he estado hablando con amigos franceses y me han dicho que ellos apoyan y creen en la legitimidad de nuestra revolución y nuestra determinación por volver a reconstruirnos bajo una organización democrática, una república, supongo.
Uno de los argumentos del gobierno francés para apoyar a Ben Ali era para asegurarse de que se frenara la influencia de las corrientes islamistas, es decir, la presencia del Islam en el espacio público y en la política. ¿Hasta qué punto la Revolución del Jazmín desmiente esta tesis? ¿Qué opina de la siguiente afirmación de Abdelwahab Meddeb: “es mejor una dictadura laica que una democracia islámica”?
No creo que Ben Ali encarnara el modelo de dictadura laica ya que siempre ha utilizado la religión para dar una imagen equilibrada mientras que sus agentes intimidaban a las mujeres que llevaban el velo que él mismo llamó “vestimenta de taifistas” (como los reinos de taifas), es decir, como algo ajeno a nuestra identidad. La respuesta de las mujeres ha consistido en resistir y en entrar en las universidades con un velo nacional, el tradicional sefsari de seda, claro, rechazado por los rectores y la policía universitaria. Aun así hicieron llegar el mensaje a Ben Ali de que “todo menos someternos a tu dictadura”.
El régimen de Ben Ali está lleno de contrastes, sus discursos se contradecían con sus actuaciones, sus promesas eran falsas, trampas y eso lo sabíamos todos. Igual que cuando en varias ocasiones animó a los periodistas a escribir libremente pero sabíamos cuántos detenidos agonizaban en las asquerosas celdas, por lo que nadie más se atrevía a hacerlo.
Pero hay una respuesta a la afirmación de Abdelwaheb Meddeb: es la Revolución del Jazmín, que lo desmiente todo, porque en el caso tunecino, no era cuestión de derrocar una democracia por motivos religiosos, sino por una vida digna y vuelvo a insistir en que los eslóganes no aludían ni por asomo a la cuestión religiosa: Justicia, Libertad y Dignidad Nacional, era lo que oíamos en la reacción del sindicato de abogados.
Si existe al Qaida del Magreb, creo que está tardando mucho en intervenir, o que estará esperando hacer su entrada al final. Pero hasta ahora no nos hemos dividido por motivos religiosos, o sea, que no hay una derecha islámica contra una izquierda laica. Ahora somos como pétalos de jazmín; queremos crear la nueva Túnez juntos porque creemos en la fuerza de la unión y la necesidad de reconciliarnos. Algo que Ben Ali sólo aceptaría con los porcentajes exagerados de los votos a su favor en las cinco elecciones.
Ser tunecino/a es ante todo creer en una vida digna, merced al trabajo. Somos mayoría musulmana, minoría judía y muchos solo creen en ser tunecino con tradiciones inspiradas y mutadas del Islam como herencia cultural. Así que si Francia y la Unión Europea en general, nos presentan y hablan de nosotros como ‘el futuro del integrismo islamista’, es porque siempre intentan justificar sus medidas injustas sobre todo en materia de seguridad por el hecho de que el Magreb es una amenaza, de que los jóvenes que eligieron practicar correctamente y a veces exageradamente lo que se piensa que son los deberes de los musulmanes, pues esto, Occidente lo utiliza como prueba de que somos peligrosos. ¡Fíjese si somos peligrosos que nuestra arma ha sido una barra de pan que ha hecho que algunos jóvenes se levantaran en las manifestaciones! ¡Escuchemos los eslóganes reclamando libertades, justicia y trabajo! Reto a quien encuentre en estos eslóganes un mensaje implícito llamando al famoso yihad. Si fuera así les daría la razón a los gobiernos que nos consideran terroristas.
¿Cree que lo que ha pasado en Túnez puede extenderse al resto del Magreb?
Lo que ha pasado en Túnez es a la vez la acumulación de muchas opresiones e injusticias pero además el hecho de saber que el presidente no está a la altura de nuestras esperanzas. La familia de su segunda esposa se adueñó de todo: desde los equipos deportivos hasta los medios de comunicación, bancos, inmobiliaria, terrenos, proyectos, negocios, turismo, todo de ellos y ni siquiera nos dejaban las migajas y nosotros comparando la Túnez de Ben Ali con la de Bourguiba pero no pueden. Se ha visto que esto no puede llevar a nadie hacia un mañana mejor. Pero ¿quién puede decirle esto al presidente, si todos los gobernadores y altos funcionarios son corruptos, si todos los puestos de trabajo o casi todos los ocupa gente sin mérito y si quien tiene algo que no es correcto, no le convendrá reconocer o defender el derecho y la justicia? Así que esta situación creó una atmósfera de odio y envidia en el seno de las familias, los amigos, los equipos de trabajo y todo dejó de funcionar. Se acumula la riqueza en manos de unos pocos y sin sobornos no se consigue nada.
Muchos recurrieron al refugio de la gente sencilla, que no le queda otro remedio que pedirle clemencia a Dios. No digo esto para menospreciar la nueva ola de islamización en Túnez. Creo que Dios ha hecho mucho esfuerzo en pocos días por los oprimidos, les dio mucha fuerza, mucho coraje para no permanecer en este ambiente asfixiante.
Y ahora el eco de la revolución del pueblo tunecino es a la vez una lección para los dictadores árabes y una garantía para los pueblos de que basta con salir y reclamar justicia si ellos deciden cambiar su suerte. Pero no se puede dar un cambio de manera automática ni es un manual de instrucciones eficaz, no hay por qué inmolarse tal como lo hemos visto estos días en Egipto y en Argelia. Espero que no se siga por este camino, se pierde mucho. Pero hay que salir a manifestarse, atreverse a hacer huelgas, a reclamar la libertad de expresión, el diálogo ciudadano y si hay algo que queremos o que creo que somos, es que somos un pueblo unido contra el miedo. Es importante tener claro que hay que pagar un precio, han caído muchos muertos, mártires que dejaron mucho dolor que llevaremos en nuestro corazón y, por ellos, espero que continuemos hacia la democracia.
¿Cómo ha vivido usted personalmente estos cambios? ¿Cómo se imagina el futuro de Túnez?
Mi experiencia personal: insomnio, llantos, gritos frustrados, mails a todas las personas que conozco relatando los hechos, pidiendo apoyo, pidiendo denunciar el silencio de los gobiernos vecinos. Mi ordenador no se ha apagado hasta hoy ni un minuto.
Primera reacción de mi familia: “¡Cállate! Segunda reacción de mi familia: “¡Olvídanos como sigas con esta locura!”. Pero me atreví, publicaba en Facebook todo lo que veía y opinaba: los vídeos de las manifestaciones, de las respuestas violentas de la policía, mi opinión, mi apoyo incondicional a la “revuelta”, mi indignación ante el silencio de los medios de comunicación tunecinos e internacionales.
Me sorprendió la ignorancia de muchos de mis primos y primas, la indiferencia de otros y por eso insistí cada vez más en hacerles ver la realidad de la dictadura de Ben Ali. Algunos me pedían que me callara porque lo saben pero necesitan vivir, comer, ver crecer a sus hijos y yo no quería callarme, para nada. No puedo guardar silencio ni aceptar un futuro indignante para los míos y para toda la infancia. No sólo eso, también me sentí responsable ante los adolescentes que empezaron a romper sus colegios, a negarse a entrar a clase. Uno se quemó vivo en el patio de su colegio sin entender ni saber el mensaje del Bouazizi: “¡Si no te gusta algo, si te ofenden, quémate!” Eso es lo que defendían los adolescentes pero ignoraban las razones. Empecé a sensibilizarlos, a explicar a los jóvenes tunecinos (que yo no conocía) que no debemos destruir nuestro país ni poner fin a nuestras vidas sino estudiar y defender los valores como la igualdad y la libertad, que no tardarán en hacerse realidad, lo presentía…
Y como me apasiona la política y tengo muchos amigos politólogos y activistas en la oposición no reconocida por Ben Ali, merced a ellos aprendí y discutí mucho y también supe que la revuelta se había convertido en una revolución y de la primera petición en la que se exigía trabajo por méritos se pasó a exigir que Ben Ali dimitiese y que se lo juzgara a él, a su esposa y a su familia (a la que llamamos el Clan de los Trabelsi) y a todos los que desde sus puestos influyentes fueron responsables del sufrimiento de muchas familias tunecinas.
No me imagino el futuro sino que colaboro en él reclamando una república que se rija por una constitución democrática, con especial hincapié en la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres. Para ello debo volver, intervenir, existir en el escenario político, pero no sola sino con muchas mujeres más.
Zeïneb Toumi es investigadora-doctoranda del Institut d’Estudis Universitaris de les Dones de la Universidad de Valencia y licenciada en Lengua y Literatura Hispanicas por la Universidad de La Manouba (Tunez).

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