Fundación Hugo Zárate convoca al XVIII foro sobre Hannah Arendt con la participación de Maite Larrauri

CONVOCAMOS al  XVIII  FORO sobre:

 ”HANNAH ARENDT, LA VALENTÍA DE UNA PENSADORA POLÍTICA”.

con la participación de MAITE LARRAURI, filósofa.

                                             Grupos de trabajo:

 1)     “Qué significa pensar?”.  Coordina: AMPARO MADRIGAL, Dones Creients.  

 2)     “La valentíacomo principal virtud política”. Coordina: MIGUEL ÁLVAREZ. Jubilado.

 3)     “La responsabilidad y la culpabilidad”. Coordina: INMACULADA IRURE. Seminario Mujeres Grandes.

Fecha y lugar: 23 Noviembre. 9,15 h. en Octubre Centro de Cultura Contemporánea. 

C./ San Fernando, 12 – 46001 Valencia. 

Inscripción previa por e-mail o tfno.

Actividad gratuita.

Fuente: Fundación Hugo Zárate y Seminario de Mujeres Grandes

Documentación de la jornada:

Presentación por parte de su presidenta: Marita Macías Marassa

Buenos días y bienvenidos todos y todas al XVIII Foro de la Fundación Hugo Zárate.

Para quienes no conocéis el origen, el por qué y el para qué de la Fundación Hugo Zárate os animamos a que entréis en nuestra página web y con detalle podréis obtener toda la información respecto a la misma, pero sí os voy dar unas mínimas pinceladas.

Como veis este es el 18º foro que realizamos, todos consecutivos y anuales. Somos una fundación modesta que se planteó ser un foro de reflexión y debate sobre el movimiento ciudadano. Esto era a finales del año 1994, entonces las asociaciones de vecinos eran la plataforma social más cercana a la ciudadanía y portadora de las reivindicaciones sociales. Hoy el panorama es otro y los movimientos ciudadanos se han diversificado y son muchas otras las plataformas que existen. También esta fundación se ha acoplado a los nuevos tiempos y por ello la pluralidad de temas sociales que proponemos en nuestros foros, conferencias y otras actividades es mucho más amplia.

Pero en lo que no hemos cambiado es en nuestra fidelidad al espíritu luchador pero dialogante de Hugo Zárate, próximo y generoso, comprometido y político, amigo y compañero, trabajador incansable por su barrio de la Malvarrosa y por su Ciudad de Valencia, con visión de futuro pero pegado a la tierra. Todo esto da sentido a la Fundación que lleva su nombre. Los que lo conocimos sabemos que todo esto es cierto.

Bueno, pues en el capítulo de agradecimientos, el nuestro para Maite Larrauri, nuestra conferenciante, que se ha desplazado desde Roma para estar aquí con nosotros; para Inmaculada Irure, Miguel Álvarez y Amparo Madrigal por su colaboración en la coordinación de los grupos de trabajo. Y para Lola López Estornell que moderará la mesa de conclusiones.

Y obviamente gracias a esta casa, al Centro Octubre por la cesión de sus instalaciones.

Nuestras amigas Lola y Satur os están proporcionando los materiales y haciendo la distribución en los grupos para más tarde. También la inscripción para la comida.

Os informamos que tanto el material que se producirá esta mañana como el de los pasados foros, lo tendréis colgado en nuestra web; ya no lo podemos hacer en papel como en el pasado, la crisis y los recortes no nos lo permiten.

«Hannah Arendt, la valentía de una pensadora política». Hemos escogido esta autora y este título porque fue una mujer capaz de pensar y expresar lo que pensaba aunque fuese opuesto a la opinión de muchos, en unos momentos tan trágicos y convulsivos como en los que ella vivió. Y además, llevar a la práctica ese pensamiento con la acción comprometida y consecuente.

No es comparable nuestro tiempo a aquel, no, no lo es, pero hoy no son momentos fáciles y necesitamos mujeres como Hannah Arendt y todo lo que nos dejó, y reconocer a la Hannah Arendt de hoy en las personas, mujeres y hombres, que continúan luchando contra las injusticias y por la recuperación de los derechos sociales, que estamos perdiendo con un velocidad mareante.

Pero yo no voy a hablar de esta autora; para ello tenemos aquí a Maite Larrauri que ha trabajado mucho su obra.

Quiero presentaros a Maite Larrauri, Creo que muchos la conocéis pero os cuento que ella es valenciana y estudió en la Alianza Francesa y el en Instituto San Vicente Ferrer de Valencia. Después Filosofía y Letras en la Universidad también de Valencia.

Destaco de ella:

• Su compromiso en aquellos años lo estaba con el movimiento estudiantil antifranquista y la vanguardia cultural y artística de Valencia.

• Su toma de contacto en Paris con el Mayo del 68, ejerció bastante influencia sobre ella.

• Más tarde participó en la fundación de Bandera Roja.

• En el año 1975 participa también en la creación de la Asociación de Mujeres Universitarias.

• Ha sido Catedrática de Filosofía en enseñanza media y hoy está recientemente jubilada.

• En su trayectoria como docente ha destacado por su trabajo tanto en los centros educativos como en las asociaciones y grupos de mujeres, tales como Antígona y Mujeres Grandes.

• Muy cerca del feminismo italiano, ha impartido durante bastantes años docencia en el Liceo Español de Roma.

• Tiene varias publicaciones y concretamente una titulada «Filosofía para profanos» con uno de sus libros dedicado a Hannah Arendt.

Y no me quiero extender más porque queremos escucharte.

Muchísimas gracias por estar aquí y haber aceptado nuestra invitación.

Adelante, Maite.

Maite Larrauri-audio

 

Conclusiones del Grupo de Trabajo 1:¿Qué significa pensar?

Amparo MadrigalModeradora: Amparo Madrigal.

La asistencia a este taller fue de unas 25 personas, (24 mujeres y un varón) La mayoría de las personas asistentes participaron (19) en diferentes rondas, comentando diversos aspectos suscitados durante la conferencia. Solamente unas pocas personas decidieron no hacer uso de la palabra durante las dos horas del taller.

Se propone la dinámica del taller sobre la base de la conferencia que acabamos de escuchar, pero focalizándonos en uno de los aspectos señalados, específicamente en el acto de Pensar. Para ello iniciamos el taller con la pregunta ¿Qué me ha suscitado la conferencia respecto a lo que significa pensar? Dar respuesta a esta pregunta facilitó que cada una de las personas participantes expresara distintos aspectos o inquietudes que despertó en ellas la conferencia.

A continuación se resumen las diferentes intervenciones organizadas en distintos epígrafes de acuerdo a las inquietudes surgidas durante la conferencia y el taller.

¿Es lo mismo conocer y pensar?

Se inicia la ronda de participaciones con el comentario de una de las asistentes quien sostiene que le había parecido interesante la explicación sobre el Conocer y Pensar. Su comentario da lugar a otras participaciones, algunas de las cuales son para secundarle y otras, por el contrario, para discrepar.

Los aportes, como era de esperar, fueron muy variados, desde quienes afirmaron que les había sorprendido escuchar que no era lo mismo conocer y pensar, hasta quienes mantuvieron opiniones contrarias, como que Conocer es un requisito previo a Pensar, y quienes opinaban lo contrario, que el Pensar es lo que permite llegar a Conocer.

Ante la diversidad de comentarios, una de las participantes vuelve a las anotaciones y ejemplos brindados durante la conferencia, y esto esclarece la diferencia entre el Conocer y el Pensar. Recuerda que el Conocer lleva implícito un criterio de veracidad o falsedad, es comprobable, no cuestionable, es el producto del Conocimiento; por su parte, el Pensar es la reflexión o diálogo consigo mismo, es cuestionable, revisable. Es por ello, que el nivel de conocimientos de una persona que puede ser muy culta -tener educación superior, conocer sobre bellas artes, ciencias, matemáticas, etc-, no garantiza que la persona sea un ser pensante. Es el caso de la Alemania en la que vivía Arendt, que siendo una sociedad muy culta, científicamente avanzada, no reflexionó ante la barbarie Nazi.

En este sentido, uno de los participantes apunta que «nos han educado para conocer, no para pensar, pero es el pensador el que puede cambiar algo», a lo que otra apunta, «muchas veces nos quedamos en las cosa aprendidas, y no cuestionamos esos aprendizajes».

Entonces, ¿qué es pensar?

Continuando con los turnos de palabra, el siguiente aspecto que surge es la interrogante sobre qué es pensar y cuáles son sus consecuencias. Para algunas de las participantes pensar es diferente de imaginar o soñar, pensar es entrar en diálogo con nosotras mismas como personas reflexivas juzgando nuestro propio comportamiento; otras lo explican como plantearse interrogantes; pensar es cuestionar, porque lo que no se cuestiona nos lleva al sufrimiento.

Siguiendo esta línea, surge el comentario opuesto, apuntando que casualmente para algunas personas el NO pensar es más lo más fácil y cómodo, una forma de evitar el sufrimiento, porque se confía en los otros y uno se justifica en el comportamiento de los demás, hacer lo que otros mandan, cumplir ordenes, obedecer, son formas cómodas y bien vistas a la hora de justificar conductas y esconder o evadir la responsabilidad personal.

Hay quienes revelan que con los años y la situación que se vive actualmente, tienen más reserva a pensar: «con los años he renunciado al ejercicio de pensar dado que lo que pienso quiero trasladarlo a la acción, y pensar que es cuestionar, me puede llevar a cuestionar determinadas prácticas»; «cada vez me gusta menos pensar, pues me lleva a cuestionarme demasiadas cosas».

Ante estas revelaciones surgen comentarios opuestos en la línea de haber ido aprendiendo a pensar al ir aumentando en años y experiencias de vida: «pienso más ahora, me siento más libre y más horizontal, me pasa como el que dijo que prefiere sufrir la injusticia a seguir el adoctrinamiento con el que me educaron»; «he aprendido a reflexionar sobre los valores que nos fueron dados, y ahora los cuestiono»; «yo ahora es que pienso, porque antes lo que tenía era adoctrinamiento, pero comencé a ir la Escuela de Adultos y aprendí a pensar»; «antes no tenías opción a pensar, hoy piensas de otra forma y tienes poder para decidir y cuestionar a los líderes y todo».

Una de las participantes vuelve al tema de la conferencia y comenta que le pareció entender que pensar no es necesariamente «cuestionar todo», que no se puede estar cuestionando y analizando absolutamente todo, por lo que se pregunta si sabemos cuestionar y qué es lo que cuestionamos, porque quizá haya temas, asuntos o situaciones vanamente cuestionables y otros que sí son ineludibles o urgentes pensar y/o cuestionar (Ej. el sexo de los ángeles vs. la reforma educativa en la que se pretende eliminar la asignatura de filosofía).

Si no todo es cuestionable, ¿qué lo es y cuál es la forma de hacerlo?

Para una de las participantes estamos viviendo tiempos de grandes cambios; presenciamos un cambio de paradigma global que no sabemos muy bien dónde nos lleva, parece que las situaciones evolucionan, pero a la vez retroceden pues nos quieren «regresar 40 años atrás», otro apunta que vuelven a intentar adoctrinarnos como sucede con el libro recientemente editado por la editorial del arzobispado de Granada: «Cásate y se sumisa», o con la pretendida Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana, la intención de crear una Ley de Servicios Mínimos, y otros muchos temas similares; por lo tanto hay que analizar estos hechos, nuestras actitudes y nuestros valores personales frente a las situaciones que estamos viviendo. En este sentido, se comenta que hay que pensar los valores que tenemos, los que nos han sido «dados a través de la educación y la cultura» y cuestionarnos en cuánto a si éstos se corresponden verdaderamente con nuestro pensamiento, o si simplemente los hemos aceptado obedientemente porque nos han sido dados por la sociedad.

Muchas de las asistentes comparten la idea de que para ejercitar la buena práctica de Pensar, es necesario hacerlo individualmente y en soledad, aunque luego se pueda compartir con los demás, pero inicialmente es imprescindible encontrarse consigo misma -consigo mismo-, para cuestionarnos desde el «centro o el fondo» de una misma y no únicamente desde la cabeza, hay que conectar con todo el tu Ser, para que la reflexión sea un verdadero diálogo sentido. Pero para lograr esto, es conveniente poder hacerlo en soledad, en silencio y dedicar un tiempo para ello.

Esto no significa que para pensar en soledad y silencio haya que tomarse «un año sabático» o tener que cambiar de lugar, ir de retiro espiritual o similar. Una de las participantes comentaba que le gustaba pensar y lo podía hacer en cualquier lugar, realizando tareas de la casa como fregar la vajilla, o cuando sale a caminar.

Sin embargo, reconocía que también le gustaba «pensar en compañía de otras personas», y tanto ella como otros participantes argumentaron entre otras razones que un pensamiento que se queda en el interior de la persona y no genera cambio, no tiene mucho sentido porque no acaba de dar fruto. No obstante, otra de las participantes apostilló que: «quién ve y piensa, es muy difícil que no actúe, y que la primera forma de actuar posiblemente sea compartir con los demás sus pensamientos. «Pensar es una práctica individual, pero que hay que compartirla» En este sentido, otras señalaban que lo que sucedía es que «se piensa en soledad, pero se actúa en colectividad».

Nuevamente surge la inquietud sobre las consecuencias del Pensar, y se comenta que a través del pensamiento –individual- se puede llegar a cuestionar las prácticas de la colectividad a la que se pertenece, por tanto el resultado puede ser el tener que «ir a contracorriente» o terminar aceptando u obedeciendo el «pensamiento del grupo o sociedad imperante», de allí el temor a pensar o cuestionar determinados temas que son más complejos de lo que parecen a simple vista. Ejemplos claro de ello es pensar –o cuestionar- el feminismo, el ecologismo, el sindicalismo, la participación política etc.

Una de las participantes comenta que con el tiempo ella ha ido asumiendo un pensamiento más libre, que le permite diferenciar entre «el objeto» y su posicionamiento como sujeto; explica que determinados casos los ve de esta manera: «Soy feminista, pero Yo soy yo, y el feminismo es el feminismo, tengo que mirarlo de fuera, para desde mi pensamiento fortalecer lo que yo creo, y si no creo en algo decirlo claramente; el pensar ayuda a ser libre y reconocer que no hay posiciones inamovibles, aunque quizá el no ser racista es un valor inamovible».

La ideología y el adoctrinamiento.

Aunque en la conferencia se ha planteado que Pensar no significa tener una Ideología, sino todo lo contrario, -significa cuestionar las mismas-, una de las participantes plantean que sobre este tema vendría bien aplicar al menos la primer fase del método socrático, e intentar dilucidar a qué nos referimos cuando hablamos de tener o no tener una ideología, partiendo de las preguntas ¿qué entendemos por ideología?, y ¿por qué hay que tener o no tener una ideología? y se reitera el comentario sobre la preferencia a tener una ideología, antes que caer en una actitud de escepticismo ante las situaciones de la vida.

De acuerdo con la definición del diccionario de la RAE, la ideología es «el conjunto de ideas fundamentales que caracterizan el pensamiento de una persona, una colectividad, una doctrina o una época». Para una de las participantes, tener conciencia sobre «del ideario» que le impulsa es importante; pero también le resulta importante saber que ese marco ideológico no significa la aceptación sumisa de un adoctrinamiento: «la ideología no se puede vivir como un corsé, porque entonces se convierte en un dogma y el comportamiento derivado es la obediencia»; «claro que tengo o tenemos una ideología, pero no la vivo como un adoctrinamiento». Para otra de las participantes, «la ideología es como un contenedor – un corsé- del pensamiento, pero el pensamiento supera al contenedor, el ser pensante no se somete al contenedor».

Algunas de las participantes comentan las contradicciones que se pueden tener por el hecho de querer o tener que conjugar el propio pensamiento, con la pertenencia a diferentes grupos sociales, algo que es sumamente importante para las personas, el pertenecer a una familia, sociedad, religión o cultura, etc. La necesidad de tener referentes y a la vez mantener la libertad de pensamiento. Así lo comenta una de las asistentes: «con los años he ido intentando ser libre de pensamiento, pero a veces la ideología me marca, a demás hay muchas actividades y demandas que dificultan el tiempo para pensar, la pertenencia a un grupo ayuda, pero a veces hay un poco de contradicción, pues «el gusto moral» que se tiene al pertenecer a un grupo, de seguir a un líder, puede entrar en contradicción con tu pensamiento crítico o libre».

Otra de las participantes señala que «hay necesidad de tener referentes siempre» pero que eso no significa comportarse como la masa; «las masas son las adoctrinadas. Cuando se actúa como masa se hace lo que el grupo hace, y así se justifica el comportamiento y las, actitudes y la persona se esconde».

Pensar en soledad, en silencio- puede dar como resultado el distanciamiento de las posturas del grupo al que se pertenece o de la ideología asumida. Se corre el riesgo de de convertirse en una persona escéptica, distante o apática. Por ello, algunas de las participantes revelan que prefieren el mantenimiento de su ideología antes que caer en la desidia, quedar paralizadas o ser aisladas. Una de las participantes lo expresa de la siguiente manera: «Con tanto pensar se puede caer en el escepticismo. El escepticismo no es cómodo. Desarmar los temas, analizar, quitar aspectos lleva a la soledad. En cambio, al tener una ideología es más fácil la aceptación del grupo». Por ello, una de las participantes comenta, que muchas veces, debido a la pertenencia a un grupo, se puede terminar absteniéndose, pero al menos siendo conciente de ello, y lo expresa de la siguiente forma: «a veces también hay que renunciar a lo personal en función de lo colectivo, pero haciéndolo concientemente»

Por otra parte, una de las asistentes aporta su conocimiento respecto a las etapas o estadios de evolución de la conciencia moral según Kohlberg, quien sostiene que existen diferentes niveles de conciencia moral (preconvencional, convencional y postconvencional) y la importancia de analizar y/o reflexionar sobre en cuál de los estadios o niveles morales nos encontramos. Aclara que en los primeros estadios las personas actuamos con la intención de evitar el castigo o para satisfacer nuestro propio interés, en cambio en los niveles posteriores o superiores se toma conciencia de la importancia de valores universales a los que hay que defender en cualquier situación, aunque sea en contra de lo preferido por la mayoría o en contra de los intereses o valores de los grupos a los que pertenecemos, además de llegar a la conciencia de que estos valores hay de defenderlos por convicción personal, y no por imposición grupal.

Pensar permite tomar conciencia del propio poder.

Para una de las participantes, uno de los temas tratados durante la conferencia le llamó mucho la atención. Se trata de la diferencia entre decir NO PUEDO o NO DEBO, de cómo el pensamiento puede llevar a la persona a dilucidar sus dudas respecto a situaciones que demandan de ella una actuación. Comenta que después de muchos años trabajando el empoderamiento, en ayudarse a sí misma y a otras mujeres a decir Sí Puedo, ahora toma conciencia que también hay que tomar conciencia de que hay situaciones en las que hay que tomar conciencia de que No Debo. Ej. reflexionar sobre ¿No Puedo hacer nada ante la injusticia que estoy presenciando, o No Debo hacer nada y por qué?

Respecto a este comentario, otras participantes añaden que el dilema de la persona pensante va desde preguntarse por el ¿Quiero o no quiero; Puedo o No Puedo y Debo o No Debo? Una de ellas lo resume de la siguiente manera: «Si tengo suficiente libertad de pensamiento puedo llegar a decirme: No puedo hacer tal cosa; me he de cuestionar determinadas prácticas que las he vivido como absolutas».

Es el ejercicio de pensar libremente el que nos facilita llegar a tomar decisiones que pueden ser sencillas o cruciales para la vida de una persona. Uno de los ejemplos aparentemente sencillos surgidos durante el taller lo sintetiza una de las compañeras al expresar que «hay que saber decir No a ciertas demandas, no dejarse llevar por las circunstancias o por la costumbre de ‘la espera’ , de posponer tus necesidades a las de los demás. Ej. las abuelas que no tenemos tiempo porque las circunstancias nos hacen continuar cuidando de los nietos», y el otro ejemplo lo da una de las participantes que comenta lo que ha hecho cuando se ha enfrentado a decisiones cruciales, como ha sido el continuar o no con la relación matrimonial, y lo explica de la siguiente manera: «desde siempre he sido contestataria, y cuando pienso en los problemas me ayuda pensar en qué es lo que No Quiero, y esto me ha permitido tomar decisiones, y el poder decidir es lo que me hace feliz, porque quien decidí fui yo misma, aunque a veces puede haber sido un error, y puede llevar a las personas a hundirse, pero eso no debería ser así, porque se puede aprender de esa decisión mal tomada».

Pensar y Actuar

Para algunos de los participantes, el pensar es una práctica que no se facilita por parte de quien ostenta el poder, pues en cuanto se plantean cuestionamientos, dudas o incertidumbres se teme la pérdida del control. Por lo general, el cuestionamiento, la duda y/o la incertidumbre no están bien valoradas por algunas personas o grupos. Sin embargo, para los participantes del taller, el pensamiento es fundamental, porque es el motor para la acción y transformación social. Por ello se plantea que es conveniente tener espacios para pensar colectivamente –una vez habiendo pensando individualmente y continuar haciéndolo-, y se reflexiona sobre la conveniencia y necesidad de mantener foros, conferencias y debates como los que organiza la Fundación Hugo Zárate.

Se comenta la necesidad de continuar reflexionando y compartiendo nuestras reflexiones para intentar frenar la pérdida de derechos sociales y políticos que se han ido cercenando paulatinamente durante los últimos años. Una de las participantes resalta la necesidad de reflexionar sobre lo que es el devenir de una dictadura, y nuestra postura ante este hecho. De allí, la invitación de una de las participantes para continuar pensando y esforzándonos en llevar esos pensamientos a la acción y la transformación social, por eso resalta que tenemos «necesidad de ejercitarnos en el pensar, de dialogar con nosotras mismas, de ser jueces de nosotras mismas, para actuar en conciencia».

Y finalizamos el taller resaltando la importancia de Pensar. Para una de las participantes es a través de la práctica del pensamiento que se logra la libertad: «la libertad que se obtiene a través del pensamiento, lleva a salir de vínculo que tenían presa a la persona, a decir No a unos, y decir Sí a otros.» Y esto conlleva un riesgo, y es el riesgo de vivir en libertad -que a veces se traduce en soledad-, pero se trata de la libertad que da un pensamiento reflexivo, no de de hacer lo que da la gana movidos por el deseo. Lamentablemente existen personas que pasan su vida obedeciendo sumisamente o negándose a pensar por sí mismas, esto es como renunciar a la vida misma o vivir la vida de otros. Una de las compañeras expresa el reto y la importancia de pensar para la vida de la siguiente manera: «Vivir como se piensa y asumir el riesgo. Vivir es eso».

Conclusiones del Grupo de Trabajo 2:«La Valentía como principal Virtud Política»

Miguel alvarezModerador: Miguel Álvarez.

El grupo de debate, una treintena de personas, compuesto por casi la mitad de hombres que de mujeres, un grupo heterogéneo y por tanto con distintos niveles culturales y dialécticos, demostró a lo largo de la sesión mucho interés en entenderse y muy buena predisposición para el debate.

Como es natural cada cual tenía su propia percepción acerca de los puntos de discusión que más le habían interesado de la charla de Maite Larrauri y al exponerlo y debido a la falta de un guión estructurado (mea culpa) se saltaba de unos temas a otros o se regresaba a temas anteriormente tratados. Por ello, para hacer lo más inteligible posible este resumen he tratado de ordenar notas y recuerdos para realizar un relato lo más coherente y lógico posible.

Así, comenzaré con una de las últimas aportaciones de la sesión, una intervención en la que se abordó el tema del miedo, porque se entiende fundamental partir de que sin reflexionar ni conocer ese instinto natural, no se puede hablar con propiedad de en qué consiste el valor. Se recordó, entre otras consideraciones, la conocida definición del valor como la superación del miedo y alguien puso el ejemplo del personaje del cuento de Juan Sin Miedo como el de un no-valiente, puesto que si no conocía el miedo no podía tener ningún valor, o bien, su supuesto valor no tendría ningún mérito.

Se consideró si realizar actos criminales puede estar acompañado del correspondiente valor para realizarlo o si, simplemente, se confunden la falta de escrúpulos con valor. Ese «valor» negativo, el que se emplea para hacer conscientemente el mal, en muchos casos no es más que una forma más de cobardía, o sea, la falta del valor necesario para afrontar la dureza de los avatares de la vida, sobre todo los desagradables, con decencia y honradez. En otros casos se trata de malsano egoísmo que empuja a determinadas personas a hacer lo que sea para conseguir ilegítimos beneficios o prebendas a costa de lo que sea o de quién sea. Tampoco se acepta la famosa, conocida y recurrente escusa de que «si no lo hago yo, otro vendrá que lo hará». Esto se definió como una más entre las formas de cobardías más frecuentes, al igual que aquellas de que «todo el mundo hace lo mismo» o «todos haríamos lo mismo».

Se definió como valiente el vivir como se piensa, con coherencia, asumiendo las renuncias que ello pueda conllevar. La valentía en política se manifiesta de muchas formas, lo mismo cuando se acepta un cargo asumiendo todas las responsabilidades que puedan conllevar, como cuando se dimite por estar convencido de que, en determinados casos es lo mejor, lo más honrado o lo más digno que podemos hacer.

El tema en que más se centró el debate fue en el de pensar, el de tener el coraje de pensar, el valor de enfrentarse críticamente a la inercia producida por el pensamiento establecido, ya sea el que se supone mayoritariamente reconocido por la opinión pública o por la opinión publicada, por la costumbre, por la moral e incluso por las leyes.

Se matizó e hizo hincapié en que hemos de ser advertidos de la enorme cantidad de «información» con la que diariamente nos inundan. Que la mayoría de dichas informaciones nos llegan contaminadas y seleccionadas por unas cuantas agencias que deciden cómo, cuándo y de qué forma nos van a suministrar las noticias; que cuando se habla de «libertad de prensa», en la mayoría de los casos, se trata de la libertad de los dueños de la prensa. Que a diario una nube de tertulianos mercenarios, opinadores a sueldo, nos venden su versión torticera o descafeinada de la realidad. Que, continuamente, los poderes del Estado nos «venden» que actúan en comunión con la opinión pública, confundiendo a propósito la opinión pública con la opinión publicada. Que es absolutamente necesario comprender la necesidad de que, periódicamente, nos retiremos a pensar por nosotros mismos para construirnos nuestro propio sistema de pensamiento, fabricarnos nuestra propia idea de la realidad y así llegar a tener y ser de verdad poseedores de OPINIÓN PROPIA. Sin duda, seguro, nos vamos a equivocar alguna que otra vez, pero al menos siempre tendremos la ventaja de que se tratarán de nuestras propias equivocaciones, no las que interesen o sean inducidas por otros. Con la costumbre o hábito de pensar, de reflexionar y analizar la realidad, aquello que nos afecta y acontece, seremos capaces de detectar nuestros propios errores para matizarlos o corregirlos.

El instinto de supervivencia nos advierte de lo peligroso o arriesgado que puede ser pensar por uno mismo, de ahí la necesidad del coraje de pensar. Una vez superado este paso, si nos planteamos pensar, reflexionar sobre aquello que nos acontece y rodea, vamos adquiriendo mayor espíritu crítico y, casi sin apercibirnos, paulatinamente, iremos cambiando nuestra actitud personal y también social: por la necesidad de sentirnos coherentes con nosotros mismos. Pensar nos enriquece, nos convierte en personas avisadas, prudentes, cada vez más sutiles para distinguir matices que pueden ser muy importantes y a la vez nos hace escépticos. Esto último no tiene por qué ser inmovilizador sino una parte más del enriquecimiento espiritual que produce el hábito de reflexionar sobre las cosas que nos importan.

El coraje de pensar y, consecuentemente, la valentía política, producen la superación del conformismo y la comodidad, con las molestias y problemas que ello conlleva, pero también con la íntima satisfacción de sentirse crecer como personas y la que produce ser poseedores de una conciencia cívica que nos induce y orienta a trabajar por el bien común. Las personas que poseen el hábito de pensar aprenden a separar el grano de la paja y poseer un punto de vista cada vez más elevado que le ayuda a discernir entre lo importante y lo superfluo. Poseyendo el espíritu crítico proporcionado por la sana costumbre de pensar y del necesario impulso ético, por coherencia, se encuentra el valor necesario para aceptar renuncias, enfrentar desafíos y también plantearlos. Resumiendo: el coraje de pensar nos lleva al compromiso y a la acción porque nos exige vivir con arreglo y de acuerdo con nuestras convicciones, haciéndonos ver lo ridículo y miserable de muchos de los condicionantes que anteriormente pudieron parecernos insalvables o que pareciesen duras renuncias. Debemos ser críticos en todo momento con aquellas situaciones que nos ocupan y preocupan, pero sobre todo hemos de ser especialmente críticos con nosotros mismos: jamás debiéramos olvidar que tenemos una innata tendencia a perdonarnos y justificarnos.

Una de las intervenciones sirvió para recordar que nuestra filósofa y poetisa María Zambrano defendía que podemos y debemos enfrentarnos al poder desde la fuerza de nuestra vulnerabilidad y desde la ternura, asumiendo los riesgos que sean necesarios. No existen los caminos de rosas.

Se debatió sobre la necesidad de tener referentes y la escasez de estos. Se mencionaron los siguientes nombres: Ada Colau, Teresa Forcades, Arcadi Oliveres y Vicente Andrés Estellés. La ventaja de tener referentes es que nos sirven de modelos para afianzar y modelar nuestras propias ideas y de guías para la acción. Por contra, el peligro de tener referentes es que estos en algún momento nos puedan decepcionar, por ello conviene ser prudentes y no ponerlos en ningún pedestal, no olvidar que no son ni deben ser nuestros «dioses», que son humanos y tienen debilidades y errores como todo el mundo, por tanto nos tienen que servir como referentes o guías en aquello en lo que se han dado a conocer política, pública o socialmente, aquello en lo que ejercen su liderazgo, pero sin olvidar que también con ellos también hemos de ser críticos, razonablemente críticos.

Ser hipercríticos, hiperescépticos, o derrotistas tiene un efecto inmovilizador. También, en muchos casos, se convierte en una excelente escusa para inhibirnos y no participar: nos llevan a la comodidad y a la cobardía. Deberíamos recordar y tener presentes aquellos versos que nos hablaban de la necesidad de «tomar partido hasta mancharse».

Conclusiones del Grupo de Trabajo 3:«La Responsabilidad y la Culpabilidad»

Inmaculada IrureModeradora: Inmaculada Irure.

Pensar es difícil, requiere silencio y olvido.

Silencio, para conversar con uno mismo. Olvido para liberarnos de lo aprendido, de prejuicios, para tener una visión directa de la realidad y del lenguaje del poder que nos aboca a adoptar sus soluciones a los problemas, como únicas.

Sócrates ya proponía que cada uno sepa bien qué es ser justo, honrado y buen ciudadano, no repitiendo lugares comunes sino formándose su propia opinión.

Sólo pensar no nos hace libres, porque la libertad se muestra en la acción, en la intervención en el mundo. Pensar es un ejercicio en soledad, ser libre es actuar, lo que requiere la participacón de otros, el espacio público, la política.

Pensar equivale a examinar y preguntar(se).

La difundida tendencia a negarse a juzgar sin más, a tener un pensamiento crítico, a la negación para elegir ejemplos, referentes morales, esa incapacidad para relacionarse con los demás mediante el juicio, la predisposición hacia la indiferencia, ahí radica el horror, la banalidad del mal y al mismo tiempo, el mayor de los peligros.

La idea de que la libertad es un atributo de la voluntad y del pensamiento más que de la acción, ha estado fomentada por los dogmas del liberalismo para apartar la idea de libertad del campo político. La valentía es indispensable para la acción política, se necesita valor para abandonar la seguridad de nuestras cuatro paredes y entrar en el campo político, porque aquí lo que está en juego no es la vida, sino la transformación del mundo.

La libertad es la causa de que los hombres y las mujeres vivan juntos en una organización política, su razón de ser, y el campo en el que se aplica es la acción. Pero esta libertad que damos por sentada en la teoría política puede entrar en contradicción con la libertad interior, entendida como espacio interno en el que las personas pueden escapar de la acción externa y que presupone el alejamiento del mundo, es el espacio de la conciencia.

Al analizar el fenómeno de la conciencia, los filósofos y psicólogos tienden a concebirla como la racionalización de una motivación, sin embargo Arendt la sitúa en el ejercicio de la facultad de juzgar, como conocimiento entre lo justo y lo injusto, entre el bien y el mal, que se concretan en normas de comportamiento y de conducta, basadas en la libertad y en la responsabilidad.

Constantes de la conducta y del comportamiento humano a través de los siglos se habían considerado permanentes y vitales, normas y reglas por las cuales los seres humanos distinguían lo que está bien de lo que está mal y que fueron consideradas como parte de la ley natural, de repente en la Alemania nazi, se hundieron, y fueron sustituidos por otro conjunto de hábitos sin la mayor dificultad, como si términos como moral o ética no significaran más que eso, usos y hábitos, semejante a lo que supondría cambiar una señal por otra en el código de circulación.

El régimen nazi introdujo un nuevo código de valores e implantó un sistema jurídico acorde con ellos. La moral degeneró, no por la acción de criminales, sino porque las nuevas normas fueron aceptadas socialmente por personas corrientes. A esto es a lo que Arendt llamó la banalidad del mal, a la incapacidad de pensar, a obedecer sin criterio, al argumento «yo obedezco órdenes», obedecer sólo lo hacen los esclavos o los niños, los demás consienten o secundan, no hay nadie que pueda hacer algo así solo.

Cuando Arendt analiza el fenómeno de Alemania tanto en la época nazi como después de la derrota, dice «Hay que admitir que fuimos testigos del derrumbamiento de un orden «moral» no sólo una vez, sino dos veces, y este súbito retorno a la «normalidad», en contra de lo que a menudo se supone de manera complaciente, sólo puede reforzar nuestras dudas».

En los gobiernos totalitarios, la burocracia tiene como esencia hacer de los funcionarios meras piezas de engranaje, logrando así deshumanizarlos. La razón por la que estos procedimientos judiciales pueden suscitar cuestiones morales (lo que no ocurre con los delincuentes comunes), es porque estas personas no son criminales corrientes, sino más bien personas muy corrientes que han cometido delitos horribles, simplemente porque hicieron lo que se les había dicho que hicieran, lo que permite hacerse una idea de que parte de culpa corresponde a quienes no pertenecían a ninguna de las categorías de delincuentes pero desempeñaron su papel dentro del régimen, o a los que se limitaron a guardar silencio o a tolerar las cosas, pese a estar en condiciones de denunciarlo.

Las cuestiones legales y las morales no son en absoluto las mismas, pero tienen en común el hecho de que tienen que ver con personas y no con sistemas ni organizaciones

El procedimiento judicial radica en centrar la atención en la persona individual, incluso en la época de la sociedad de masas en el que el individuo tiende a considerarse como una pieza de un engranaje, pero la responsabilidad se acota en el momento en que uno entra en la sala del tribunal, porque entonces la pregunta ya no es ¿cómo funcionó el sistema? sino porqué el acusado se hizo de esa organización.

La conducta moral depende del trato del hombre consigo mismo, no tiene que ver con la obediencia a ninguna ley dictada desde fuera, sea la ley de Dios o la de los hombres, aquí radica la distinción entre legalidad y moralidad.

La obediencia tiene su sitio en el orden político y en el marco religioso que se impone a través de sanciones en el orden legal o con la amenaza de castigos futuros en el caso de la religión, pero para aquellos que temen la amenaza de su conciencia, que les impone el autocastigo de despreciarse a sí mismos, lo que conocemos como remordimiento, no necesitan de una norma legal ni religiosa. Igual que soy mi propio interlocutor cuando pienso, también soy mi propio testigo cuando actúo.

Las personas se sienten culpables o inocentes, pero esos sentimientos no son indicadores de lo que está bien y de lo que está mal, los sentimientos de culpa indican conformidad o disconformidad con una norma, con un hábito, pero no con la moralidad. En el ámbito de la experiencia religiosa no puede haber conflictos de conciencia, la voz de Dios habla y la cuestión es si yo obedeceré o no, en el ámbito secular los conflictos de conciencia son deliberaciones entre el yo y el yo mismo, y no se resuelven mediante el sentimiento sino mediante el pensamiento.

Puesto que los sentimientos de culpa o mala conciencia en la tradición judeo-cristiana juegan un papel tan importante en nuestros juicios legales y morales, sería prudente abstenerse de afirmaciones como «todos somos culpables» que aunque resulte muy loable y tentador, sólo ha servido para exculpar a los que realmente eran culpables, porque donde todos son culpables nadie lo es, y puede ser interpretado como una declaración de solidaridad con los malhechores.

La culpa a diferencia de la responsabilidad es estrictamente personal, se refiere a un acto, no a las intenciones ni a las potencialidades. Sólo en el sentido metafórico podemos decir que nos sentimos culpables por actos que no hemos cometido.

La grandeza del procedimiento judicial consiste en que incluso una pieza de un engranaje, ese hombre que se niega a pensar y que sólo obedece, recupera su condición de persona, porque aquí estamos ante un caso de culpa no de responsabilidad, comparece ante el tribunal como persona y se le juzga por lo que hizo.

La responsabilidad colectiva se da en el ámbito de la política, tanto por la forma en que una comunidad asume ser responsable de lo que ha hecho uno de sus miembros, sería el caso de Fuenteovejuna; o por como a una comunidad se la considera responsable por lo que se ha hecho en su nombre, este sería el caso de las comunidades políticas y de los gobiernos, que asumen la responsabilidad por las actuaciones buenas o malas de sus predecesores, de la misma forma que una nación asume su Historia, en este sentido es en el que se nos considera siempre responsables de las actuaciones de nuestros antepasados, pero esto no supone la culpabilidad ni moral ni legal.

Desde Aristóteles la ética o moral formaba parte de la política, la cuestión no era si el ciudadano era bueno o malo, sino de si su conducta era buena para el mundo en el que vivía, el centro de interés era el mundo, no el yo. Con el ascenso del cristianismo el acento se desplazó del cuidado del mundo y los deberes que con ello se derivan, al cuidado del alma y su salvación, las reglas eran de origen divino. Pero es más que dudoso que estas reglas de raíz religiosa puedan sobrevivir a la pérdida de la fe y en la creencia de sanciones trascendentales.

La rapidez del proceso histórico de estas últimas décadas es tal, que incluso recordar ordenadamente «qué pasó y cuándo» exige un serio esfuerzo, parece que nos encontremos en uno de esos decisivos puntos de inflexión en la historia que separan entre sí épocas enteras, en estos momentos la gente corre a refugiarse en las seguridades de la vida de cada día, y esta tentación es tanto más fuerte porque ninguna visión de la historia a largo plazo resulta demasiado alentadora.

Pero las instituciones fundadas a la luz de la Revolución Francesa, con los grandes lemas de Igualdad, Fraternidad y Legalidad junto con la idea de Libertad sobreviven en nuestro pensamiento para iluminar la reflexión y la acción de los hombres en épocas oscuras.

La facultad de pensar debe extenderse mediante la acción a la esfera política, como espacio donde una ciudadanía libre y crítica reaccione a las mentiras, a las falsas contabilidades, a los informes manipulados, esta toma de postura ciudadana representa una amenaza mayor para el poder que cualquier enemigo exterior. Mentir por principios ideológicos sólo puede funcionar mediante el terror, mediante la invasión de los procesos políticos por la pura delincuencia, con la resolución de acabar con la ley, constitucional o no, y con todo aquello que se interponga en los designios de la ideología o de la codicia.

Y no es tanto que el poder corrompa como que el aura del poder, más que el poder mismo, atrae a aquellos hombres, que como es sabido, ya eran corruptos muchos antes de llegar al poder, es la permisividad, la complicidad de saberse por encima de la ley lo que les permite comportarse así, pero en un Estado de Derecho estas conductas no pueden quedar impunes y deben perseguirse hasta sentarlos ante los tribunales y la prensa.

Hechos tan increíbles, por horribles, como han sucedido en estas últimas décadas de nuestra Historia no deben ser condenados al olvido como si nunca hubiesen pasado, como si sufriéramos amnesia colectiva. Como dice Faulkner «el pasado nunca está muerto, ni siquiera es pasado» por la razón de que el mundo en que vivimos está formado por los resto de lo que ha sido hecho por los hombres, para bien y para mal.

Mientras resurgimos lentamente de los escombros de estos últimos tiempos, es nuestra responsabilidad no olvidar los años de aberraciones, engaños, silencios cómplices y abandono de la política y en aras de la libertad de pensar y a la voluntad de actuar, hacernos dignos de un futuro mejor para nosotros y para las generaciones siguientes.

Conclusiones y Clausura del XVIII Foro Fundación Hugo Zárate.

Ma Dolores Lopez EstornellModeradora: Mª Dolores López Estornell.

Hemos llegado ya al momento de ir finalizando esta XVIII edición del Foro Hugo Zárate.

Si en la edición anterior, con los planteamientos y las experiencias de Juan Soto, nos aproximamos a lo que podríamos llamar «filosofía oriental» y lo que ésta nos aporta para ayudarnos a «Vivir despiertos en tiempos de turbulencias» y para lo cual, se nos invitaba a un cambio individual, profundo, y a salir del falso yo egocéntrico e ilusorio que nos lo impide, este año, ha sido Maite Larrauri, desde la «filosofía occidental», la encargada de ayudarnos a llegar a «comprender»,- en el sentido arendtiano del concepto-, a quien ha sido catalogada como una de las mejores pensadoras del siglo XX: Hannah Arendt.

Citaba Juan Soto, en su conferencia del año pasado, una frase de Buda: «Estar vivo es estar atento». «Pensar y estar completamente vivo es lo mismo» nos dice Hannah Arendt; una coincidencia de dos filosofías diferentes, que no opuestas, sino complementarias en lo que aportan al análisis de la complejidad del ser humano, de la condición humana. En la aceptación de esa complejidad, y desde una concepción holística, integral, del «ser persona»,por la que apuesta el Foro, es donde se inscribe el tema de este año: «Hannah Arendt, la valentía de una pensadora política». Para ello, la selección de la persona encargada de desarrollarlo, como hemos podido comprobar, ha sido acertadísima.Nos ha acercado al pensamiento de Hannah Arendt, de la que es gran conocedora, pero además es una filósofa muy arendtiana, que nos ha ayudado a perder el miedo, a pensar, cuando nos dice que la Filosofía no está hecha para los entendidos, sino para los profanos,- entre los que nos contamos la mayoría de los aquí presentes-.Algunas lo hemosexperimentado mediante sus publicaciones en la colección «Filosofía para profanos». Y si Maite nos dice que la Filosofía no es para los entendidos, Hannah Arendt,-que no se considera filósofa-, afirma que «el hábito de pensar, de la reflexión de aquello que uno está haciendo, es independiente de la situación social, educativa o intelectual delindividuo». No hay excusas para no pensar.

Grupo de ponentes 1

 Pero ¿qué significa pensar para Hannah Arendt?

Es ésta una de las preguntas que se hizo a lo largo de su vida.

Como decíamos, Arendt afirmaba que pensar no es una cosa de eruditos, ni de ignorantes, ni de elegidos, sino que todos podemos y debemos pensar. Y que el pensar ya constituye un acto político liberador. El pensamiento es lo que puede guiar mi acción, y mi acción siempre afecta a otros. Para pensar, es necesario retirarse y entrar en lo que ella llamó «diálogo del yo con el yo mismo»,desdoblarse en dos, entre uno mismo y su conciencia; y, para ello, es esencial retirarse del mundo.

Para Hannah Arendt, pensar tiene sentido si es un modo de retirarse del mundo para volver a él en la acción, en la toma de la palabra sobre las cosas que le acontecen.

Pensar para después hablar y actuar, superando así la separación entre el pensamiento y la política, entre «pensar filosóficamente» y «actuar políticamente». Asumir el esfuerzo necesario para seguir el pensamiento allá donde nos lleve y aceptar la exigencia de soledad que suele conllevar el acto de pensar.

El filósofo y psicoanalista griego Castonadis dice que «el ser humano quiere creer, no quiere saber (no quiere pensar)». Y es que pensar en el sentido arendtiano,-sin las muletas de las ideologías- causa miedo, porque cuestiona las creencias, crea dudas y nos detrae de la comodidad de nuestras certezas. Como dice Maite en su ensayo Dudar, pensar, tal vez vivir: «cuando nos ponemos a pensar es porque no aceptamos sin más los significados compartidos por un grupo social» Y sobre todo, perder el miedo a pensar, porque, – como también afirma en el mismo texto-, «pensar implica un cierto peligro, cuando quien lo hace se opone a todos o casi todos».

Pensar incomoda y pensar es peligroso: «Pienso, luego no me dejan existir», rezaba una pintada del 15-M en Madrid y, precisamente por eso, porque el pensamiento es peligroso, «pero no pensar es más peligroso aún», -como afirmaba Hannah Arendt en una entrevista-, supone un deber y una responsabilidad el pensar-nos para que no nos piensen, pensar por nosotros mismos para que no piensen por nosotros.

Y tener, de igual modo, la valentía de asumir la responsabilidad de «llegar a donde el pensamiento nos lleve». Valentía entendida, no tanto como capacidad de arriesgarse, como la de la postura de ser capaces de desafiar los lugares comunes santificados por la autoridad política, religiosa o del tipo que sea. Valentía para ser los primeros, -como lo fue Hannah Arendt-, en decir lo que nadie quiere escuchar. Y, también, perder el miedo a actuar.

Y cuando hablamos de responsabilidad, el concepto de«natalidad»en Hannah Arendt es una llamada a esa responsabilidad, pero también lo es a la esperanza cuando afirma que cada uno de nosotros somos seres únicos e insustituibles. Maite Larrauri, en su obra «La libertad según Hannah Arendt», nos lo explica muy bien a profanos y profanas: «cada ser humano que viene al mundo es un nuevo comienzo. La espontaneidad del neonato es el anuncio de algo imprevisible. Este nuevo comienzo abre la posibilidad de un segundo nacimiento: su inserción en el mundo a través de la palabra y la obra».

Una de las primeras frases que aparecieron escritas a mano, en el 15 M, fue «Hemos perdido el miedo».

¿Perder el miedo a qué? Las plazas se llenaron de gentes de todas las edades y tipologías que habían perdido el miedo a pensar y a estar con los otros para hacer y reescribir juntos la realidad.

La mayoría de nosotros y nosotras ya contabilizamos varias décadas y, sólo el hecho de estar hoy aquí es ya un indicador de sensibilidad social, de conciencia política y compromiso con distintas causas. Entonces, ¿qué nos aporta el pensamiento de Hannah Arendt? Ser más conscientes de que nuestra responsabilidad sólo acabará el día que hayamos perdido la capacidad de pensar, y que nos cree cierta incomodidad el intuir que quizás nuestro mayor miedo sea a «soltar las muletas» que durante tantos años nos han soportado. Tal vez tengamos que retirarnos y repensar-nos, ver si necesitamos renunciar a ciertas «identidades» enquistadas que, por considerarlas incuestionables las hemos convertido en dogmas. Retirarnos a pensar en «nuestra habitación propia», o en nuestro paisaje, para después encontrarnos con otros y otras en el ágora y aportar nuestro pensamiento,- ese «único» que es sólo nuestro-; aportarlo mediante nuestra palabra y nuestra acción al de quienes, junto a la categoría emocional de la indignación, intentanredescubrir la categoría ética y política de la dignidad.

El sistema capitalista neoliberal nos está conduciendo a lo que algunos ya han calificado como apartheid social, donde unos pocos tienen derecho a un todo del que la mayoría se encuentran excluidos. En este contexto, se comprende que, en el «Plan Bolonia», hayan querido reducir el peso de los estudios de Humanidades en el territorio de la Unión Europea desde una visión reduccionista y funcionalista de la educación y que, en el nuevo Sistema Educativo Español, el «planWert», se haya suprimido la asignatura «Educación para la ciudadanía» y la » Educación Ético-Cívica» de la ESO, y que la Filosofía haya pasado a ser una asignatura que sólo se cursará en 1º de Bachillerato. Este sistema no quiere ciudadanos y ciudadanas que piensen, que sean críticos y analíticos, sino súbditos que sólo obedecen, retornándonos a esa caverna de Platón donde la única verdad son las sombras.

Y por si esto no es suficiente,ha surgido el proyecto de la mal llamada «Ley de seguridad ciudadana», a la que ya algunos han bautizado como «ley de la patada en la boca» o «Ley anti-15 M», a la que los distintos colectivos que conforman ese movimiento han respondido con una frase:Tienen miedo de que estemos donde debemos estar.

Para ayudarnos a pensar si estamos donde debemos estar, terminamos con Hanna Arendt:

«Sólo los niños y los esclavos obedecen. Los demás no obedecen, sino que consienten».

Retomo, para finalizar, la teoría filosófica del «nacimiento» de HA y lo que de ella se desprende: la responsabilidad y la esperanza de saber que cada uno de nosotros somos seres únicos e insustituibles; y desde la consciencia de saber que, cuanto más manifestemos nuestra originalidad más honestos seremos con nosotros mismos y con los demás, surge la invitación que se nos hace desde el Décimo Octavo Foro: pensar nuestra individualidad para actuar en la colectividad.

Nadie puede ser feliz sin participar en la felicidad pública, nadie puede ser libre sin la experiencia de la libertad pública, y nadie, finalmente, puede ser feliz o libre sin implicarse y formar parte del poder político»(Hanna Arendt).

Y con estos «deberes para casa» que nos hemos puesto, damos por finalizada la décimo octava edición del Foro de la Fundación Hugo Zárate y os emplazamos a que nos vayáis enviando propuestas para el Décimo Noveno, que seguro serán de gran interés como lo han sido hasta ahora, para seguir avanzando y profundizando en lo que tenemos como finalidad: la participación ciudadana consciente, pensante y crítica.

M.Lola López Estornell.

Fuente: Fundación Hugo Zárate

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«Nobleza, dignidad, constancia y cierto risueño coraje. Todo lo que constituye la grandeza sigue siendo esencialmente lo mismo a través de los siglos.»

«El mal no es nunca «radical», sólo es extremo, y carece de toda profundidad y de cualquier dimensión demoníaca. Puede crecer desmesuradamente y reducir todo el mundo a escombros precisamente porque se extiende como un hongo por la superficie.»

Teórica política alemana, muchas veces llamada filósofa, aunque ella siempre rechazó dicha etiqueta, señalando que esta disciplina se ocupa de «el hombre», en singular. Ella se describía como una teórica de la política, porque sus obras se centran en que «los hombres», no «el hombre», viven en la Tierra y no en la Luna, habitan el mundo, por lo que podría clasificarse como politóloga.

Hija de padres judíos laicos, nació en Linden-Alemania- el 14 de octubre de 1906 (hoy día parte de Hanover) y creció en Königsberg (ciudad natal de su admirado precursor Emmanuel Kant) y Berlín.

Tras la muerte de su padre en 1913, fue educada de forma bastante liberal por su madre, que tenía tendencias socialdemócratas. En los círculos intelectuales de Königsberg en los que se crió, la educación de las niñas era algo que se daba por supuesto. A través de sus abuelos conoció el judaísmo reformado. No pertenecía a una comunidad religiosa, pero siempre se entendió como judía.

Comienza a estudiar filosofía en 1924 en la Universidad de Marburgo, durante un año asiste a las clases de Martin Heidegger con quien tuvo una larga y esporádica relación romántica, lo que le valió críticas debido a las afinidades de él con el Partido Nacional Socialista.

A comienzos de 1926 decide cambiarse de universidad y se traslada durante un semestre a la universidad Albert Ludwig de Friburgo, para aprender con Edmund Husserl. A continuación estudia Filosofía en la universidad de Heidelberg y se doctora en 1928 en Humanidades bajo la tutoría de Karl Jaspers, con la tesis El concepto del amor en san Agustín. La amistad con Jaspers duraría hasta la muerte del filósofo.

El ensayo fue publicado en 1929, pero dada a su condición judía fue inhabilitada para el ejercicio de la enseñanza en universidades alemanas en 1933. Tuvo que trasladarse a París, donde conoció y entabló amistad con el crítico literario y místico marxista Walter Benjamin, y colaboró con la ayuda a refugiados judíos.Por recomendación de Kurt Blumenfeld, trabaja para una organización sionista, estudiando la persecución de judíos que está en sus comienzos. Su casa sirvió de estación de tránsito para refugiados. En julio de ese mismo año fue detenida durante 8 días por la Gestapo.

Arendt opinaba desde el inicio que debía lucharse activamente contra el régimen nacionalsocialista, una posición contraria a la de muchos intelectuales alemanes, en parte incluso de aquellos de origen judío, que querían llegar a convivir con el nacionalsocialismo, subestimando la dictadura e incluso alabando a los nuevos dueños del poder.

Sin embargo, con la ocupación militar alemana de algunas partes de Francia que siguió a la declaración de guerra francesa durante la Segunda Guerra Mundial, y la deportación de judíos a campos de concentración, Hanna Arendt tuvo que escapar de Francia.

En 1937 se le retiró la nacionalidad alemana. En 1939 consiguió poner a salvo a su madre que todavía estaba en Königsberg. En Enero de 1940, se casó en segundas nupcias con el poeta y filósofo alemán Heinrich Blücher y en 1941 emigró a los Estados Unidos con la ayuda del periodista estadounidense Varian Fry. Allí formó activamente parte de la comunidad judía-alemana en Nueva York y escribió para la revista sionistaAufbau.

Quería despertar la conciencia política judía en el mundo y reclamaba en muchos artículos la creación de un ejército judío propio, que luchara codo con codo al lado de los Aliados. No consiguió tener éxito con esta demanda, que formuló antes de que comenzaran los asesinatos en masa en los campos de exterminio. A pesar de que Arendt se definía como una sionista (secular), fue tomando posiciones cada vez más críticas sobre la ideología sionista, que comparaba con otras como el socialismo o el liberalismo, que hacen previsiones sobre el futuro. Consideraba la libertad y la justicia los principios básicos de la política, lo que no era compatible con la visión del pueblo elegido. Esta posición fue mayoritariamente rechazada por la opinión pública judía

Tras la Segunda Guerra Mundial, retomó contacto con Heidegger y testificó a su favor en el proceso de desnazificación de Alemania.

Inmediatamente después de la II Guerra Mundial, Arendt comenzó a trabajar en un extenso estudio sobre el nacionalsocialismo; en 1948 y 1949 ampliado al estalinismo. El libro está formado por 3 partes, Antisemitismus(antisemitismo), mperialismus (imperialismo) y Totale Herrschaft(dominio total, totalitarismo).

Durante su primer viaje a Alemania tras el exilio 1949/50, se sucede la muerte de su madre. Durante su estancia, se reencontró por primera vez desde 1933 con Karl Jaspers y Martin Heidegger.

En 1951 obtiene la nacionalidad estadounidense.Había sufrido mucho como apátrida, porque lo consideraba una expulsión de la sociedad humana. La ciudadanía significaba para ella «el derecho a tener derechos». Para solucionar este problema exigía una ampliación de la constitución de los EE.UU. por la que nadie podrá perder su nacionalidad si con ello se convierte en apátrida.

Realizó un segundo viaje en 1952. A partir de ese momento, viajó todos los años a Europa durante unos meses, en parte también a Israel, visitando a muchos amigos y familiares.

A la edad de 47 años, consiguió en 1953 una cátedra temporal en el Brooklyn College de Nueva York, en parte gracias al éxito conseguido en EE.UU. con su libro sobre el totalitarismo. En Nueva York trabajó, junto con Martin Buber y otros, por la fundación del Leo Baeck Institut, un centro de documentación e investigación de la historia de los judíos de habla alemana.

A mitad de la década de 1950, Arendt había realizado una solicitud de cobro de daños y perjuicios al Estado alemán (Deutsche Wiedergutmachungspolitik) por las injusticias sufridas bajo el régimen nazi, solicitud que fue rechazada en diversas ocasiones. No fue hasta 1972 que Arendt consiguió una cifra importante del Gobierno Federal alemán. Su caso se convirtió en un precedente, de forma que otros se beneficiaron posteriormente de sus largos pleitos.

En primavera de 1959 obtuvo durante un semestre una cátedra como profesora invitada en la prestigiosa universidad de Princeton. Fue la primera mujer en enseñar en la institución. De 1963 a 1967, Hannah Arendt fue catedrática en la universidad de Chicago y de 1967 a 1975 en la Graduate Faculty de la New School for Social Research en Nueva York. Allí se encuentra la mayoría de su legado.46

En los años siguientes trató en diversas ocasiones la discriminación de los negros en los EE.UU., la «cuestión negra», cuya solución consideraba imprescindible para la existencia de la República.Condenó en numerosas ocasiones la Guerra de Vietnam, por ejemplo tras un análisis de los Papeles del Pentágono, que publicó bajo el título Lying in Politics (Mintiendo en política) en 1971.

Al contrario que otros estudiosos, Hannah Arendt no realizó obra tardía. Sino que desarrolló más su pensamiento político y mostró a menudo valor cívico. No hubo rupturas. A pesar de los profundos cambios, sobre todo con la aparición del totalitarismo, su obra está cerrada en si misma y no hubo muchas correcciones de fondo. Así, basándose en el concepto de la «radicalidad del mal» que había tomado de Kant, creó en 1961 la tesis de la «banalidad del mal», luego defendido, a pesar de enemistades que se mantuvieron durante años.

En sus cartas habla de su deseo de mantenerse activa hasta la muerte. Tras un primer infarto de miocardio en 1974, retomó sus escritos y la enseñanza y en 1975 tuvo un segundo infarto mortal en su despacho, en presencia de amigos. Oraciones fúnebres realizaron, entre otros, su viejo amigo Hans Jonas y representantes de sus estudiantes.

En sus trabajos, Arendt trata sobre la naturaleza del poder y temas como la política, la autoridad y el totalitarismo en general y sobre la Shoa. Sus finos análisis sobre la sociedad que la rodeaba la encumbran como una de las más grandes pensadoras de todos los tiempos.

RECONOCIMIENTOS

1959. Cátedra como profesora invitada en la prestigiosa universidad de Princeton. Fue la primera mujer en enseñar en la institución.

De 1963 a 1967. Catedrática en la universidad de Chicago

De 1967 a 1975 en la Graduate Faculty de la New School for Social Research en Nueva York.

En EE.UU. la honraron con numerosos Doctorados Honoris Causa.

1959. Lessing-Preis der Freien und Hansestadt Hamburg(Premio Lessing. República Federal Alemana)

1967 el premio Sigmund Freud de la Academia Alemana para Lengua y Escritura en Darmstadt.

1969, la American Academy premió su trabajo con una medalla Emerson-Thoreau.

1975, el gobierno danés le entrega el premio Sonnig por sus aportaciones a la cultura europea.

BIBLIOGRAFÍA

Libros en Castellano

-1929Der Liebesbegriff bei Augustin.

El concepto de amor en san Agustín.2001.

-1951The Origins of Totalitarianism

Los orígenes del totalitarismo.1974.

-1958The Human Condition.

La condición humana.1974.

-1958Rahel Varnhagen: The Life of a Jewess.

Rahel Varnhagen: vida de una mujer judía.2000.

-1961- (1968) Between Past and Future.

Entre el pasado y el futuro.1996.

-1963Eichmann in Jerusalem: A Report on the Banality of Evil.

Eichmann en Jerusalén: un estudio sobre la banalidad del mal.1967.

-1965 (1963)On Revolution.

Sobre la revolución.1967.

-1968Men in Dark Times.

Hombres en tiempos de oscuridad.2001.

-1970On Violence.

Sobre la violencia.2005.

-1972Crises of the Republic.

Crisis de la república.1973.

-1976Die Verborgene Tradition: Acht Essays.

La tradición oculta. 2004.

-1978The Life of the Mind. (Editado póstumamente por Mary McCarthy).

La vida del espíritu.2002.

-1978The Jew as Pariah.

Versión parcial: Una revisión de la historia judía y otros ensayos. 2004.

Recopilaciones póstumas

Canción de verano y otros poemas. 2004.

Conferencias sobre la filosofía política de Kant.2003.

Correspondencia 1925-1975 y otros documentos de los legados. Con Martin Heidegger.2000.

De la historia a la acción.1995.

Diario filosófico, 1950-1973. 2006.

El orgullo de pensar.2000.

Ensayos de comprensión. 1930-1954.2005.

Entre amigas. Correspondencia con Mary McCarthy.1998.

Filosofía y política, el existencialismo y Heidegger.1996.

¿Qué es la política? 1997.

Responsabilidad y juicio., 2007.

Tiempos presentes2002.

Tres escritos en tiempos de guerra. 2000.

ENLACES DE INTERÉS

Instituto Hannah Arendt

Hannah Arendt. La tecnología como desarrollo biológico de la Humanidad, por Neus Campillo

Hannah Arendt en la Wikipedia

Hannah Arendt. Centenario

Fuente: Mujeres precursoras

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