El “jolgorio” y “regocijo” de ser violada, por Mª Ángeles Bustamante Ruano

Cuando se lee la sentencia de “La Manada” una siente una mezcla entre horror, pavor, enfado e indignación. Se describe fehacientemente una violación; pero luego se califica como delito de abusos sexuales continuados. Parece ser, que la clave está en el concepto jurídico de violencia e intimidación. Unos conceptos que nada tienen que ver con la realidad padecida por las mujeres que sufren violencia sexual. Y, desde luego, no tienen en cuenta el uso de drogas que merman o anulan la voluntad. Sea el alcohol, sea cualquier otra. Y ya si hablamos de la burundanga y su empleo sistemático con premeditación, alevosía y, muchas veces, nocturnidad. Como es el caso de “La Manada de Orriols” pues la esperanza de una condena por agresión sexual se evapora en instantes. De hecho, ni se pide de antemano.

La justicia se supone que ha de ser justa. Esto parece de perogrullo; pero ante la benévola sentencia dictada esta semana, nuestra dolorosa sensación es que no lo es. Señorías, nos sentimos muy mal, por no utilizar expresiones más explícitas. Aunque ha habido vergonzosas sentencias en el pasado, parecía que se estaba avanzando; pero de nuevo, damos muchos pasos hacia atrás. El mensaje que se ha transmitido es que el cuerpo de las mujeres, no es nuestro. Cualquiera puede usarlo, como una cosa, como a una muñeca hinchable. ¿De qué sirven todas las charlas, talleres y formaciones que impartimos para prevenir la violencia sexual, si luego llegan ustedes y dictan estas sentencias? ¿Cómo es posible que, en el concepto de violencia e intimidación, no se incluyan directamente el uso de esas drogas, así como que haya más de un agresor?

¿Qué les vamos a decir a las niñas, adolescentes, jóvenes y adultas? Que se resistan como María Goretti, aunque las maten. Que mierda de moral es esa. Moral que pretende ser impuesta a golpe de voto particular. Magistrado, no le voy a citar; pero ha escrito usted un libro, en vez de un voto particular. Un libro que quería que fuese leído por muchas personas. Público cautivo, ¡vamos! El tufo nacionalcatólico del mismo es sencillamente repugnante. El lenguaje empleado por usted es un insulto a todas las niñas, jóvenes y mujeres que en alguna ocasión hemos padecido acoso, abuso y/o agresiones sexuales. Palabras como “jolgorio”, “regocijo”, “placer”, “deleite”, “excitación sexual”…son palabras que nunca pensé que fueran a ser usadas con esa falta de escrúpulos. ¿De verdad, usted puede dormir por las noches? Seguro que las víctimas, sin amparo, no.

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