Dolors, desde la mujer que soy*…

En ocasiones, la vida te hace conocer a maravillosas mujeres. Dolors Lis Pardo era, y siempre seguirá siendo, una de ellas en mi corazón.

Dolors Lis Pardo ha fallecido; pero nos deja un legado inigualable feminista, de defensora de los derechos humanos, que para ella eran cien por cien sinónimos. Igual que para mí. Es por ello, que siempre nos entendimos con solo mirarnos a los ojos.

Dolors siempre tuvo una filosofía de vida digna de ser admirada:

Creía y practicaba firmemente aquello de que la felicidad es política.

Creía y practicaba aquello de trabajar por y para un mundo mejor.

Creía y practicaba aquello de que una es mucho. Juntas muchísimas más.

Creía y practicaba aquello de que la vida sin pasión, no es nada.

Desde mi pequeño espacio, quiero lanzarle una sonrisa sin fin, como las que ella nos regalaba cada vez que nos veía. Y sé, que hubiese hecho suya la máxima del poema: No me arrepiento de nada, como dijo la Edith Piaf*.

Dolors siempre fuiste sinónimo de colores y flores…

¡Flores de luna!

cuando la piel de una mujer

se rebela.

Chiyo**

________

* “No me arrepiento de nada”, por Gioconda Belli:

http://www.poemariodemujeres.com/spip.php?article316

Desde la mujer que soy,

a veces me da por contemplar

aquellas que pude haber sido;

las mujeres primorosas,

hacendosas, buenas esposas,

dechado de virtudes,

que deseara mi madre.

No sé por qué

la vida entera he pasado

rebelándome contra ellas.

Odio sus amenazas en mi cuerpo.

La culpa que sus vidas impecables,

por extraño maleficio,

me inspiran.

Reniego de sus buenos oficios;

de los llantos a escondidas del esposo,

del pudor de su desnudez

bajo la planchada y almidonada ropa interior.

Estas mujeres, sin embargo,

me miran desde el interior de los espejos,

levantan su dedo acusador

y, a veces, cedo a sus miradas de reproche

y quiero ganarme la aceptación universal,

ser la “niña buena”, la “mujer decente”

la Gioconda irreprochable.

Sacarme diez en conducta

con el partido, el estado, las amistades,

mi familia, mis hijos y todos los demás seres

que abundantes pueblan este mundo nuestro.

En esta contradicción inevitable

entre lo que debió haber sido y lo que es,

he librado numerosas batallas mortales,

batallas a mordiscos de ellas contra mí

-ellas habitando en mí queriendo ser yo misma-

transgrediendo maternos mandamientos,

desgarro adolorida y a trompicones

a las mujeres internas

que, desde la infancia, me retuercen los ojos

porque no quepo en el molde perfecto de sus sueños,

porque me atrevo a ser esta loca, falible, tierna y vulnerable,

que se enamora como alma en pena

de causas justas, hombres hermosos,

y palabras juguetonas.

Porque, de adulta, me atreví a vivir la niñez vedada,

e hice el amor sobre escritorios

-en horas de oficina-

y rompí lazos inviolables

y me atreví a gozar

el cuerpo sano y sinuoso

con que los genes de todos mis ancestros

me dotaron.

No culpo a nadie. Más bien les agradezco los dones.

No me arrepiento de nada, como dijo la Edith Piaf.

Pero en los pozos oscuros en que me hundo,

cuando, en las mañanas, no más abrir los ojos,

siento las lágrimas pujando;

veo a esas otras mujeres esperando en el vestíbulo,

blandiendo condenas contra mi felicidad.

Impertérritas niñas buenas me circundan

y danzan sus canciones infantiles contra mí

contra esta mujer

hecha y derecha,

plena.

Esta mujer de pechos en pecho

y caderas anchas

que, por mi madre y contra ella,

me gusta ser.

**Chiyo: http://www.poemariodemujeres.com/spip.php?article488

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