Debate y crítica feminista sobre la Renta Básica, por Carmen Castro, Koldobi Velasco y Sabela Rivas

En 2015 participé en un monográfico y escribí un artículo de debate y crítica feminista, compartiendo algunas reflexiones feministas a propósito de la Renta Básica Universal; por aquel entonces el debate estaba polarizado entre Renta Básica y Trabajo Garantizado y, aunque no son opciones excluyentes, sigue anclado en esa falsa dicotomía. He seguido desarrollando aquellos hilos argumentales en otros textos, contrastándolos también en debates y jornadas técnicas con muchas otras personas, no necesariamente feministas aunque sí defensoras de la justicia social y la lucha contra la pobreza. Con el tiempo he ido matizando algunas de las aristas y también reafirmando elementos clave de crítica feminista. En las últimas dos semanas he atendido a preguntas de varios medios de comunicación, como este estupendo reportaje en El Temps: L’hora d’una renda bàsica y he participado también en este debate organizado por el Instituto de las Mujeres y charlas on-line sobre Renta Básica y feminismo, como la del otro día organizada desde Marea Atlántica.

Y es que crece el interés en debatir sobre la necesidad de articular una respuesta que garantice a las personas condiciones materiales suficientes para sostener la vida cotidiana, máxime ante la emergencia sanitaria, económica y social actual.

Esta pandemia por Covid19 ha puesto patas arriba todo, evidenciando el colapso del sistema económico; algo que de manera persistente se estaba denunciando desde los movimientos sociales, plataformas ciudadanas y académicas feministas, ecologistas, y otras corrientes críticas con la ortodoxia neoliberal hegemónica. La insostenibillidad del sistema nos ha estallado en la cara y hemos tenido que aprender a digerir la crisis humanitaria que está atravesando nuestras vidas, manteniéndonos al mismo tiempo en un equilibrio inestable respecto a las rutinas de la cotidianidad.

La crisis de salud pública y sanitaria magnifica las desigualdades estructurales ya existentes, haciendo crecer las situaciones de emergencia social y económica a las que urge dar respuesta. En este contexto resurge con fuerza el debate sobre la Renta Básica ante la necesidad de dar una respuesta inmediata que garantice liquidez a las personas para atender las necesidades básicas de la vida; los matices de las propuestas son los que nutren el debate entre qué tipo de asignación monetaria hay que garantizar: renta mínima, renta de inclusión, renta activa de inserción, ingreso vital, renta básica universal, renta básica de las iguales, renta básica de cuarentena, etc.

Como feminista tengo claro que la respuesta que demos ha de permitir atender en primer lugar la urgencia pero también orientarnos a un cambio estructural; es decir, que la urgencia de las decisiones a tomar faciliten una base desde la que construir un mundo mejor, preservando los derechos humanos, facilitando la reproducción social y la sostenibilidad de la vida, en común, sin relegar la necesidad de ir eliminación la división sexual del trabajo. Y aquí parece empezar el lío, cuando se pasa el filtro de en qué medida se impulsa la transformación hacia el paradigma feminista, surgen algunos recelos, alertas y cautelas que en ocasiones no son bien entendidas. Desde este lugar retomo algunas de las reflexiones y aproximaciones ya realizadas previamente a la RB, algunas reformuladas y otras más diluidas.

Lo primero es despejar algunas dudas al respecto de las diferentes propuestas con nombres diversos.

Todas ellas son asignaciones monetarias públicas, algunas están dirigidas a las familias o unidades de convivencia, otras a las personas, individualmente; algunas están condicionadas al cumplimiento de algo (ya sea previo, demostrando la necesidad o situación de pobreza, o a posteriori, demostrando el uso racional que le ha dado al ingreso o el cumplimiento de las condiciones acordadas, como por ejemplo participar en itinararios formativos o de búsqueda activa de empleo) y otras son absolutamente incondicionadas, es decir, sin necesidad de demostrar nada.

No todo lo que se está proponiendo es RB; aunque sí hay 3 concretas: Renta Básica Universal (RBU), Renta Básica de las Iguales (RBUI) y la Renta Básica de cuarentena. Cualquiera de esta tres opciones mantienen el criterio de ser Individual, Incondicional y Universal y, además, la Renta de Las Iguales articula también colectivización de un 20% del importe recibido individualmente. El resto de las propuestas, Renta de Ciudadanía, Ingreso Vital, Renta de Inclusión, Renta Garantizada, etc. tienen en común dos características: no son universales, es decir, no las recibe cualquier persona, sino quienes se ajustan a los perfiles a los ques e condiciona su derecho (son condicionadas).

Otra característica relevante es el criterio de suficiencia monetaria, es decir, el importe; todas ellas forman parte de los instrumentos para paliar la pobreza, por lo que su cuantía es superior al umbral de pobreza, ahora bien, los importes pueden variar desde los 450 a los 1000 euros mensuales, según la propuesta de la que se trate y ese matiz importa, ya que solo cuando el importe resulta generoso la asignación monetaria puede convertirse en un instrumento emancipador.

Lo que me interesa es dejar abierto el diálogo/debate sobre en qué medida la RB puede impulsar el proceso de transformación hacia paradigma feminista; o si las carencias de la RB, desde una perspectiva feminista, pueden ser superadas por la Renta de las Iguales u otro tipo de asignación monetaria. Lo que está cada vez más claro es que la vida no se sostiene sola, por eso necesitamos políticas, instrumentos y acciones en común. 

De todo ello conversamos el otro día Koldobi Velasco, Sabela Rivas y yo, en este diálogo abierto recogido en video:

Fuente: Sin Género de Dudas.

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