Coñotour

Ya os he contado cómo comenzó la historia, lo que no he contado es qué me llevó a embarcarme en esta locura editorial.

Al crecer la expectación y los seguidores de las aventuras genitales, crecieron como champiñones halagos e insultos por igual.
Los halagos me dieron a entender la necesidad que tenemos de poder reírnos de algo tan natural, y que por convicciones de rancia moral no hacemos.
Y los insultos en lugar de amedrentarme, me dieron energía para que las viñetas no quedaran aparcadas en un cajón (dos tazas de caldo para mis divertidísimos trolls).

Me chocaba que teniendo como tenemos un sinfín de expresiones en el que lo aludimos, la representación literal de estas (bastante amigables y poco anatómicas), ofendieran y violentaran. ¿Habría conseguido levantar las mismas ampollas si hubiera elegido a mi rodilla derecha como protagonista?…yo creo que no.

Por suerte no encajo las ofensas como algo personal, sino como una proyección frustrada hacia el personaje Coño de la sexualidad del que las emite.
No creo que cueste tanto entender que una vulva es una parte más de nuestra anatomía, y una parte de nuestra anatomía de gran importancia: si no tenemos una, hemos salido de una.
Otorgarle visibilidad a su existencia con humor no debería provocar rechazo. Que lo haga significa que no hemos avanzado tanto como creemos, y que deberíamos luchar por despojarnos de gilipolleces misóginas e irracionales. Si socialemente aceptamos el “orgulo fálico”, también deberíamos aceptar el “orgullo coñúo”.

Así que me lié la manta la cabeza y presenté mi proyecto a las editoriales que aquel momento me gustaban (especifico en aquel momento, porque las que no me devolvieron ni un triste “en estos momentos su proyecto no encaja con nuestra línea editorial”, me han desenamorado por completo).
Al no recibir apoyo, casi sin pensarlo, me lié otras dos mantas y un cobertor encima de la manta que ya tenía liada y lancé un proyecto de crowdfunding.

La campaña de mecenazgo fue un inesperado éxito, tan rotundo que no he terminado de digerirlo todavía (aunque también reconozco que han sido unos meses agotadores de trabajo).

Y bueno, el fruto de todo este esfuerzo ha sido el libro…


La siguiente parte de la historia la iré ampliando poco a poco…

(Soy de esas que ponían interlinado grande y folios con gramaje, para aparentar que había escrito en los trabajos de época estudiantil)

Mientras tanto si tienes una librería y estás interesado/a en comercializar “Somos pobres en euros pero ricos en pelos de Coño”, puedes contactar conmigo en el formulario de la web o a través del e-mail pedidos@anabelenrivero.com. Si quieres adquirir un ejemplar puedes hacerlo aquí, y si lo tuyo son los gigantes que arruinan al pequeño comercio, también puedes adquirirlo en este otro enlace.

Parece ser que soy una feminazi por ilustrarme con una parte de mi cuerpo antropomorfizada, así que me gusta referirme a mi libro como Mein Koñampf.

Fuente: Web de Ana Belen Rivero

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