Comunicado de la Comisión 8M de Madrid «Ante el ruido: seguir defendiendo lo esencial»

Las crisis ponen de manifiesto lo que estaba latente, debajo de la alfombra.

Nos organizamos, nos manifestamos e hicimos huelgas feministas precisamente para eso: para poner en el centro que lo que pasaba dentro de cada casa, en cada vida. Una mujer que cuida a diario a su padre enfermo. Una mujer que se ocupa del trabajo doméstico de otra familia sin tener derecho al paro. Una mujer a la que se le niega sistemáticamente la asistencia sanitaria. Una trabajadora de residencia, de hospital, de supermercado, que no llega a fin de mes. Queríamos visibilizar lo que no se veía: el trabajo de cuidados, las precariedades que nos atraviesan según nuestra identidad, origen o condiciones materiales. Mostrar que no eran problemas personales, sino colectivos. Esta crisis ha demostrado que, efectivamente, eso que era invisible era lo esencial.

Lo esencial: una sanidad pública, universal y gratuita; una educación que dé iguales oportunidades a todas las personas; un acceso garantizado a los bienes básicos. Derechos laborales para todas, también para las que cuidamos, limpiamos, damos de comer. Lo esencial: aquello de lo que no podemos prescindir. Lo que no puede parar, ni siquiera cuando se para el mundo.

Es evidente que el 8m se ha convertido en la excusa para un discurso reaccionario que trata de opacar tanto lo que ya era invisible como cualquier posibilidad de debatir sobre ello. Esos ataques no son solo simbólicos: durante las últimas semanas hemos sufrido el acoso de quienes estaban intentando manipular la realidad con informes falsos y maniobras políticas.

Algunas de nosotras hemos sufrido prácticas que se saltan las garantías de un estado de derecho. Se nos ha presionado para que fuésemos a hacer declaraciones policiales en pleno estado de alarma. Se nos ha señalado con nombres y apellidos.

No somos parte de ese juego. No queremos serlo. Y no vamos a entrar en él.

Quienes han puesto el 8m en la diana ni siquiera entienden qué es el 8m. El 8m no somos solo las mujeres que ponen sus nombres y sus firmas para comunicar una manifestación que es de todas. El 8m no somos solo quienes ponen sus caras y sus nombres ante los medios para defender un argumentario construido entre todas. Es difícil entenderlo para quien solo entiende el mundo en clave de jerarquías y divisiones: somos mujeres comunes organizándonos para luchar por lo común. Somos un movimiento social, horizontal, asambleario. Somos tú y yo, somos nosotras.

Y, sobre todo: no salimos a la calle solo el 8 de marzo. Y esto es, quizá, lo que más les asusta.

Estamos acostumbradas a que se nos criminalice. También sabemos que, cuando se empieza a criminalizar las luchas sociales, ese camino no tiene fin. En un momento como este, salvaguardar los derechos fundamentales también es la garantía de que podamos seguir hablando de lo esencial, y trabajando por ello.

Mientras el debate político se enfanga, mientras algunos medios contribuyen a la confusión, muchas de las feministas que hicimos huelgas, que participamos en las manifestaciones, que somos el 8m, hoy estamos en las despensas de nuestros barrios, en los grupos de cuidados, en las redes de apoyo vecinales. En la construcción de una realidad que, de tan urgente, no puede esperar a que se acalle el fango.

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