Carta a Ana Orantes, de su hija Raquel Orantes

Hola, mamá.

Te escribo en la distancia y pasado el tiempo, pero con la esperanza de que mis palabras lleguen de alguna manera a ti.

Hace ya 20 años que te arrancaron de nuestras vidas. Un desgraciado 17 de diciembre que ha marcado nuestras vidas de tu ausencia y ha llenado de lágrimas cada día. Me gustaría decirte que tu testimonio, ese con el que rompiste un silencio para denunciar un matrimonio de más de 40 años de maltrato, ha quedado marcado en la memoria de un país que hoy en día te recuerda; que muchas mujeres ven reflejado su dolor en tu dolor; que gracias a ese acto de valentía impulsaste, por fin, la creación de una ley integral contra la violencia de género; y que, en muchos casos, denuncias como la que tú realizaste no quedan impunes.

Me gustaría contarte que ni una mujer más ha tenido que abandonar su hogar, como lo hacías tú cuando tu agresor rompía en cólera, con todos nosotros avanzando delante de tu partida. Me gustaría contarte que las sentencias son justas, que los jueces no las siguen “interpretando”. Que al igual que tú, ninguna mujer tiene que convivir con su maltratador, que ninguna mujer, aunque haya roto la relación, tiene que vivir con el miedo de que en cualquier momento su agresor entre en casa. Que ningún hijo o hija tiene que permanecer alerta en sus sueños como lo hacíamos nosotros.

Aún recuerdo con angustia cómo, ante cualquier ruido, me levantaba con ese bate de béisbol que antaño sirvió para el juego, y que transformé en un arma de defensa. Con el número de la policía siempre a mano. Con la desazón de dejarte en muchos momentos sola porque tenía que trabajar. Tu angustia era la mía, cada mañana y cada noche.

Me encantaría decirte que todo ha cambiado. Que hay voluntad política, que las movilizaciones sociales son a una, y que todas las personas que trabajan para que se erradique la violencia hacia la mujer han conseguido avanzar. Ojalá decirte que hoy en día hijos e hijas de mujeres valientes como tú no somos los grandes olvidados de la barbarie.

Desearía contarte que nos protegen, que ya ningún niño ni niña llora en silencio su desgracia, acurrucados como lo hacía yo en la soledad gris y triste de su habitación. Que esos críos ya no son maltratados, mutilados psicológicamente, arrancados de sus hogares, asesinados en muchos casos…

Pero, mamá, eso no es así. Las víctimas, palabra que no me gusta porque somos supervivientes de la violencia -y tú lo sabes mejor que nadie-, siguen siendo las mismas. Siguen asesinando con impunidad; seguimos siendo, desgraciadamente, ciudadanas de segunda; y ley, hoy por hoy, no ha conseguido todo lo que debería.

Sabes que nuestras vidas, como hijos, nunca ha sido fácil. Presenciamos demasiadas peleas y agresiones; muchas de ellas, en carne propia. Sufrimos tanta hostilidad y desprecio de una persona que, se suponía, te quería, nos quería, pero que nos consideraba tan sólo objetos de su dominio, juguetes que manejaba a su antojo. Un ser destructor, autoritario, frío y agresivo en casa, pero gentil y agradable de puertas para afuera. Como decía tu padre, mi abuelo, un “candil de puerta ajena”. Alguien que no mostraba su verdadera faceta, alguien a quien desde bien pequeña no he tenido más que miedo, pavor y, aún sin saber muy bien por entonces su significado, desprecio.

Desprecio por todos esos malos gestos contigo y con nosotros, por esas agresiones que jamás nadie debe recibir de un padre o de un marido. Nuestra infancia se reduce a aquella que disfrutamos a ratos a tu lado, cuando él, a quien no considero padre, se alejaba. Esas temporadas en las que permanecía fuera varios meses, VIVÍAMOS, respirábamos, corríamos por las calles, sin el temor de que llegara. Disfrutábamos tanto… ¿verdad, mamá? De nuestra complicidad, de nuestras escapadas al centro de Granada. También recuerdo las visitas a tu madre, nuestra abuela, la que nos comía a besos y nos contaba historias; a la que veíamos y disfrutábamos tan poco… Un aislamiento impuesto que te separaba de todos aquellos a los que queríamos y que nos querían: tíos, abuelos, hermanos…

Te echo tanto de menos, mamá. Me haces tanta falta… En mis decisiones, en mi camino, en mi vida. Has sido y serás la mujer mas valiente y honesta que he conocido. Me has inculcado valores, y me has educado desde el respeto y el cariño.Has sido capaz de sacar adelante a tus 8 hijos, y has logrado que seamos hombres y mujeres de bien, como tú siempre has querido. Con el orgullo de un apellido, ORANTES, que significa todo.

Cuanto daría, mamá, por que siguieras aquí. Me imagino cuántas veces levantaste tu mirada hacia ese arco de Elvira que vio tu infancia y adolescencia pasar, cuántas veces te perdiste por las callejuelas de Granada. Cuántas veces bebiste en esa fuente que antaño calmaba la sed de los comerciantes que convivían en una calle ahora tan diferente… Cuántas te quedaste rendida, dormida cerca de la pequeña tienda que tu madre regentaba para sacaros a ti y a tus 5 hermanos adelante. Cuántas noches en vela perfilando las mantillas que lucen las mujeres en Semana Santa, cosiendo para poder llevar ese vestido de domingo que soñabas. Tan coqueta y femenina, tan llena de energía. Cuántas ilusiones acogería tu alma, cuántas añoranzas y risas derrochaste en esos tiempos en los que eras solo esa niña que crecía ajena a la desdicha y la sinrazón de su futuro. Cuánto daría por haberte librado de tanto sufrimiento.

A veces recorro la calle Elvira, donde naciste, y el barrio en el que te criaste, y cada vez lo disfruto más. Antes me inundaba la tristeza, pero ahora te imagino y me llenas el alma de tanto amor y tanta dicha de haberte tenido en mi vida que por un momento siento que estás aquí y sigues a mi lado. Mujer valiente donde las haya, mujer con principios. Ojalá estuvieras aquí para poder escribir ese libro que querías, porque como tú decías, tenías experiencias para hacerlo. Te extraño cada día,estás en mí y eso me consuela pero daría mi vida por otro último abrazo tuyo. Te echo de menos y siempre estás en mi pensamiento y en mi corazón. Hasta que nos volvamos a encontrar… Te quiero, mamá.

Fuente Carta: Cadena Ser.

Fuente fotografía: El Periódico.

Ana Orantes Ruiz (Granada1937 – Cúllar Vega17 de diciembre de 1997) fue una mujer española víctima de violencia de género, que expuso en una entrevista televisiva la violencia a la que había sido sometida por parte de su exmarido. Pocos días después del testimonio en televisión fue asesinada por su expareja,1​ lo que generó dentro de la sociedad española gran repercusión y visibilización de la violencia machista, y como consecuencia, la remodelación del Código Penal.2​ Ana fue la víctima de violencia de género número 59 de 1997.3

Biografía

Ana Orantes Ruiz nació en Granada en 1937. Tenía 19 años cuando conoció a José Parejo Avivar en una celebración. José era un hombre muy celoso pero debido al romance este aspecto quedó en segundo lugar para Ana. Se casaron tres meses después de conocerse y se mudaron a la casa de los padres de él.

Tres meses después de casarse se produjo el primer ataque de muchos que sufrió Ana durante los 40 años de matrimonio en el que tuvieron ocho hijos. José Parejo le pegó por que ella “le molestó” comunicándole que acababa de volver a casa. El suegro de Ana reprendió a su hijo golpeándolo a su vez, mientras que su suegra, Encarnación Avivar (una mujer ya conocida por ser violenta) mantenía una actitud completamente diferente: “la bese o le pegue, no es asunto nuestro”.[cita requerida]

Años de maltrato

Ana vivió cuatro décadas sometida a un marido que nunca la había querido y para el que no era más que una pertenencia, un objeto a su servicio. Éste le propinaba palizas siendo cualquier motivo “razón suficiente ” para ello (como hacer la cena muy caliente o demasiado poco).

No sólo ella vivió esa suerte. Sus hijos habían crecido entre maltratos y abusos, además de ser testigos directos de las crueldades de su padre. Francisco, el menor de todos los hermanos, intentó arrojarse por la ventana a la edad de siete años. Ana, la segunda, precipitó su boda y se casó con 14 años por dejar de ver a su padre y evitar que la violase (algo que intentaba desde que ésta tenía 8 años). En cuanto pudo, Ana auxilió a algunos de sus hermanos: se llevó a Charo con 12 años y a Jesús con 14. José se casó con 17 años, Alberto con 18 y Rafael con 20 (siendo el que más tiempo soportó).

Tras denunciar la situación en reiteradas ocasiones, la mujer consiguió que una sentencia judicial la separara de su marido en 1995, aunque el fallo la obligó a seguir conviviendo con el hombre: ella vivía en el piso de arriba del chalé con sus dos hijos no emancipados, y su ex marido en el de abajo.

Evidentemente, como Ana se alojaba en el piso superior de la vivienda y el agresor permanecía en la planta baja, el acoso y los malos tratos continuaron. Así pasaron dos años en los que, según manifestaron posteriormente los vecinos, las agresiones, peleas y discusiones entre ellos habían sido frecuentes a pesar de las denuncias que la mujer interponía contra su exmarido.

Entrevista

Tras divorciarse de su marido, Ana acudió valientemente el día 4 de diciembre de 1997 al programa televisivo de Canal Sur De tarde En Tarde, presentado por Irma Soriano, para dar testimonio de su situación. Allí, habiendo venido acompañada por su hija menor Raquel – sentada ésta en la grada de los espectadores -, relató con una firme entereza, a la vez que de manera sobrecogedora, como habían sido sus cuarenta años en un matrimonio plagado de humillaciones, calvario y maltratos.

Afirmó que la agredía con continuas palizas, la forzaba “borracho” a mantener relaciones sexuales, la insultaba constantemente y que con el paso de los años le prohibió visitar a su familia. Además de, entre otros perturbadores recuerdos, alegó la ya comentada violencia que su ex-marido ejercía contra sus propios hijos. Fechorías que las ejemplarizó, aparte de violentarlos corporalmente, con sus expulsiones del hogar familiar a temprana edad e incluso con intentos de abuso sexual hacia algunas de sus hijas, a base de tocamientos en las piernas.

Presentó ante todo el país una realidad que muchas otras mujeres sufrían pero que no se atrevían a mencionar.

La entrevista fue muy comentada por los vecinos y provocó las iras de su ex marido. Según varios testigos que declararon ante la Guardia Civil, él prometió vengarse.

Más tarde, vecinos de la localidad granadina aseguraron que la víctima temía por su vida en los últimos días después de haber aparecido en televisión, y que incluso había comentado a la pescadera algo como “me comeré las gambas esta Navidad si es que sigo con vida”.

Asesinato

El miércoles 17 de diciembre de 1997 hacia las 14:00h, catorce días después de la emisión de esa entrevista televisiva, José Parejo llevó a cabo su venganza (por lo que él consideraba “un acto de rebeldía” y una afrenta de su exmujer). Después de darle tal paliza a Ana que la dejó inconsciente, la ató a una silla en el patio del domicilio familiar (en la calle Serval en Cúllar Vega), la roció de gasolina y la quemó viva delante de uno de sus hijos menores, de 14 años que volvía del colegio en ese momento y que fue quien alertó a los vecinos y estos llamaron a la policía. Cuando la Guardia civil llegó y apagó el fuego sobre Ana, ya no pudo hacer nada por ella. Ana tenía 60 años.4​ El día del funeral, centenares de granadinos arroparon al féretro de Ana Orantes con grandes aplausos y lágrimas.

La Guardia Civil puso en marcha un dispositivo para detener al asesino, que se había dado a la fuga. Dos horas y media después, se entregó a los agentes, y fue trasladado a las dependencias cuartelarias.

Fue sentenciado a 17 años de cárcel.

Justo siete años después del crimen, el 17 de noviembre del 2004, José Parejo murió en el Hospital Ruiz de Alda de Granada tras un infarto al miocardio sufrido en la cárcel.5

Repercusión

Hasta la caída del Franquismo, la mujer fue tratada por el Código Penal como una menor de edad, incapaz de decidir sobre la administración de sus bienes ni decidir sobre su propio cuerpo. La violación en el matrimonio no estaba prohibida, el adulterio se penaba exclusivamente si lo llevaba a cabo una mujer e incluso estaba permitido el maltrato bajo el amparo del derecho a “corregir a la esposa”.

La Constitución de 1978 empezó a cambiar 50 años de denigración política. Con la llegada de la democracia se reconoció la igualdad de géneros y se prohibió la discriminación sexual. Durante la década de los años 80 y principios de los 90 se reguló la separación por malos tratos, se introdujo el delito de violencia doméstica en el Código Penal y se lanzaron varios Planes de Igualdad.

Se había avanzado, pero la pandemia de la violencia contra la mujer seguía siendo una realidad que no marcaba ninguna agenda. Ni la política ni la de los medios.

El asesinato de Ana Orantes cambió la percepción de la sociedad sobre la violencia contra la mujer. Obligó a los medios a reflexionar sobre el tema: la cruel realidad de la violencia machista había entrado en directo en todas las casas de España. Los medios hablaban de ello sin cesar, las tertulias y los informativos no podían darle la espalda a lo que ahora se sabía que era un problema real. El asesinato de Ana Orantes provocó manifestaciones de repulsa y movilizaciones, en las que durante años se pudo oír el grito de “Ana somos todas”. Se sucedieron los homenajes y las muestras de condolencia. Un problema real y conocido copaba las portadas y abría informativos.

Era necesario actuar. Así lo indicaron las asociaciones de mujeres, que señalaron al sistema judicial como una de las principales causas del problema. Los medios también se sumaron a la crítica y cambiaron el enfoque del tratamiento de la violencia contra la mujer: por primera vez la voz que importaba era la de las víctimas, más allá de las instancias políticas.

Fruto de la sacudida, la legislación española evolucionó para intentar poner fin a la lacra. El primer paso se dio en 1999, durante la primera legislatura del presidente José María Aznar. Se eliminó la denuncia previa por parte de la persona que sufre los maltratos como requisito indispensable para perseguir la violencia doméstica. Pero no era una solución definitiva: el problema era estructural.

Tras un largo proceso de diagnóstico de las causas de esta violencia, el Parlamento español aprobó por unanimidad la Ley Integral 1/2004. La nueva legislación no sólo se centraba en medidas judiciales dedicadas a actuar contra el maltrato, buscaba la prevención. Para ello se modificaron aspectos de la ley educativa y en las referentes a la publicidad, en pos de construir una estructura social basada en el igualitarismo y la no violencia.

Los ayuntamientos de Cúllar Vega y La Zubia (ambos en el área metropolitana de Granada) han puesto el nombre de Ana Orantes a una de sus calles.

Memorias

En el municipio de Cúllar Vega se erigió un monumento en forma de monolito en recuerdo de Ana Orantes y Encarnación Rubio, ambas víctimas mortales de la violencia machista. Cada año, el 25 de noviembre, se celebra junto a este monolito el acto institucional municipal del Día Internacional Contra la Violencia hacias las mujeres, con lectura del manifiesto aprobado en el pleno consistorial, y la intervención de asociaciones y los diferentes sectores de la comunidad educativa de Cúllar Vega: AMPAs y centro/alumnado.

La periodista y feminista Nuria Varela publicó en 2012 un libro titulado La voz ignorada. Ana Orantes y el fin de la impunidad con el deseo de «homenajear a una mujer que perdió su vida por la verdad y que, gracias a su valentía, consiguió sacudir la conciencia de un país, modificar sus leyes, romper el silencio e introducir en el debate público y la agenda política lo que hasta entonces era una cuestión circunscrita al ámbito privado».

Referencias

  1. Volver arriba País, Ediciones El (2017-09-30). «Recordando a Ana Orantes, cuyo testimonio cambió la visión de la violencia machista»Verne. Consultado el 2017-11-27.
  2. Volver arriba «El asesinato de Ana Orantes: un antes y un después en la violencia machista en España»El Huffington Post. 2017-11-17. Consultado el 2017-11-27.
  3. Volver arriba País, Ediciones El (1997-12-19). «Un centenar de personas despide entre aplausos el ataúd de la mujer quemada viva por su ex marido»EL PAÍS. Consultado el 2017-11-27. «Ana Orantes había denunciado los maltratos de su esposo, José Parejo, de 61 años, en 15 ocasiones. Bajo el aguacero, el féretro de la víctima número 59 de la violencia doméstica en 1997 recibió un largo aplauso.»
  4. Volver arriba «Un hombre mata a su ex mujer prendiéndole fuego tras atarla»www.elmundo.es. Consultado el 30 de septiembre de 2017.
  5. Volver arriba ABC. «Muere en la cárcel el asesino de Ana Orantes, a quien quemó viva | Nacional | Nacional – Abc.es»ABC. Consultado el 30 de septiembre de 2017.

Fuente: Wikipedia

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